Si todos nos creemos buenas personas ¿por qué sentimos que hay malas personas? La perspectiva íntima se enfrenta a la visión externa. Cuando se trata de nosotros mismos conocemos todas las razones y sentimientos que justifican nuestras acciones calificándolas de buenas, e incluso cuando no sentimos que lo son, las justificamos como necesarias e inevitables y en ningún caso nos autoproclamamos malas personas. Solo de postureo, qué malote soy. Esas mismas acciones o pasividades vistas desde fuera cuentan con mucha menos información del actor y mucha más del receptor. El mismo hecho se juzga desde una perspectiva distinta. Ahí ya tenemos la primera razón por la que algo puede ser bueno y malo al mismo tiempo, el punto de vista subjetivo. Si solo hay un plátano para dos personas que tienen hambre, desde fuera lo bueno sería repartirlo en dos como Salomón, pero cada una de esas personas está pensando en sus hijos que esperan hambrientos en casa y piensan que lo mejor es llevárselo entero y compartirlo con los suyos. Nacionalismo familiar podríamos llamarlo. Aquí está una segunda razón, la limitación de recursos materiales o de tiempo, obliga a repartirlos y la perspectiva subjetiva prefiere que sean para uno mismo que para los demás, no por egoísmo, sino porque considera que los necesita para tener una vida digna. Curiosamente hay quien no encuentra límite en la necesidad de acumulación de recursos para uso personal. A mayor cantidad de recursos para compartir y menor necesidad de ellos, mayor bondad encontraremos puesto que la pelea será menor y la voluntad de compartir mayor. “Cariño, me marcho porque ya no te quiero”. Quien abandona a la persona que sigue enamorada es el malo y la abandonada la buena. Llegamos al tercer vértice de la brújula moral, las emociones. Hacer siempre lo que al resto les viene bien supondría transformarse en un siervo de la voluntad ajena donde se anularían los propios deseos y necesidades. Ser un mártir no es ser buena persona ni poner límites te convierte en mala. Todo es relativo. ¡Eh! Hay actos objetivamente malvados. Patologías aparte, las emociones descontroladas, inseguridades personales, necesidades insatisfechas y supremacismos solo consiguen acallar su ruido haciendo daño, necesario para ellos, a otros. Son incapaces de otra cosa. No saben cómo hacerlo distinto. No ven las alternativas no lesivas que otros sí. Quizás aún somos una sociedad joven que debe madurar hacia un mayor consenso sobre lo que es ser buena persona.
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