viernes, julio 31, 2026

Deja de compararte

Video: ¡Deja de comprarte!

¡Deja de compararte!, me dice un amigo. ¿Cómo? ¡Sin referente con el que evaluar estamos ciegos! ¿Cómo vamos a saber si somos altos o bajos sin otro tipo al lado? Tenemos el dato, la estatura, pero no el adjetivo, alto o bajo. El importe de la nómina es una información sólida, pero si fuera el único sueldo del mundo no sabríamos si es un pastizal o una miseria. Los adjetivos empiezan a difuminarse cuando a la semántica le prohíben usar oraciones 
comparativas. ¡Qué verde era mi valle! Habría que verlo, lo mismo era un secarral comparado con una selva amazónica. Como niños tuertos caminaríamos por un mundo sin los dos grandes dictadores de nuestra existencia: la media, también conocida como “lo normal”, y lo admirable. Todo lo que se sale de la media se mira con recelo a menos que sea admirable. Lo normal es el salvavidas de referencia para juzgar y quedarnos tranquilos. Ser como todos te permite ser una pieza bien encajada en el puzle. Curiosamente, la definición de lo normal cambia, así que una misma pieza puede ser normal o anormal según donde caiga, en el espacio o en el tiempo. Un blanco en Europa, normal, en Senegal, anormal. Una mujer votando en el siglo XXI, normal, en el siglo XIX, anormal. La totémica normalidad no es de fiar. Está grabada en arena pero pesa como si lo estuviera en piedra. La anormalidad solo se salva si es admirable, si está de moda, si es atractiva, escasa y aspiracional. O sea que la anormalidad tiene que saber venderse para colársela a la dictadora norma, y los ricos y poderosos son los que mejor la manipulan. Porque los no ricos viven deseando serlo o aparentarlo. ¡Y nos la cuelan! Ahí están los pijamas de calle de los cantantes urbanos. Si pudiéramos liberarnos de la comparación externa, solo nos quedaría compararnos con nosotros mismos, con cómo estábamos, nos veíamos, o nos sentíamos antes respecto a ahora. Tu trabajo actual será bueno si es mejor que el anterior o tesentirás tranquilo si has conseguido superar una etapa de ansiedad. Seríamos nuestra medida, nuestro metro, nuestro kilogramo. Mola, ¿eh? Nos convertiríamos en la principal medida de bienestar y es, precisamente, de la que nos solemos olvidar. No sé… creo que esta columna no me ha quedado TAN BIEN como otras.


sábado, julio 25, 2026

¡Que se vayan los turistas!

Video: Que se vayan los turistas!

¡Que se vayan los turistas! Esos grupos que se arrastran detrás de un guía con paraguas en alto taponando las calles por las que paseamos tranquilamente el resto del año. Esas colas en todas partes que te hacen sentir como un fan de Rosalía acampado eternamente a las puertas de un estadio. Esos locales tradicionales que se han visto arrollados por el capital que los transforma en parques temáticos para turistas. Ya no son lo que eran sino lo que los turistas esperan que sean. La expectativa modifica la realidad. Aparcamientos siempre llenos, consumiciones por las nubes y hoteles a precio de oro. Tu tía Puri ya no viene a pasar unos días a la pensión de toda la vida porque se tendría que dejar su propia pensión en poder pagarla. Camas de siempre, ahora, para bolsillos más llenos. Turistas que sin saberlo arrinconan al local con su tsunami modificador que los condena a buscar refugio en los lugares cada vez más escasos que aún sobreviven a sus tentáculos. Esos que desaparecerán el día que una guía turística los mencione como “rincones secretos auténticos”, y que serán modificados con la mirada ajena, pura mecánica cuántica. ¡Váyanse ya, hombre! Necesitamos un descanso de todos ustedes. Necesitamos vacaciones lejos de aquí. Necesitamos ser turistas en tierra extraña. Estamos deseando hacer colas, comer los platos típicos y encontrar rincones secretos… en otra ciudad diferente a la nuestra. ¡Anda! Nosotros aquí, somos ellos allí. ¡Pero no es lo mismo! Sí, es lo mismo. El sistema alimenta nuestro deseo de experiencias como sinónimo de “estar aprovechando la vida”, y turistear se encuentra en el top instagrameable. Creado el anhelo de explorador pret-a-porter, arranca el motor del dinero para explotar nuestro deseo implantado. Hacer negocio del visitante interesa a servicios y alojamientos, así como a instituciones que ven aumentar sus ingresos con tasas e impuestos a emprendedores y consumidores. Cuantos más mejor, así la rueda gira más y más rápido haciendo más eficaz la entrada de dinero. Publicidad y boca a boca construyen las modas, los destinos “a los que hay que ir”, adaptando las ciudades al modelo de negocio. Todos interpretamos nuestro papel dentro del teatrillo del turismo. Somos la plaga que arrasa por donde pasa y luego se queja de que no queda hierba fresca donde alimentarse. ¿Y cómo se para esto? El sistema solo se aparta cuando baja la rentabilidad. Y, de momento, somos rentables. Os dejo, que tengo que pillar un vuelo.

sábado, julio 18, 2026

Para algo se inventó el no

El falso sí es el octavo pecado capital.

Comprar para ahorrar

Video: Comprar para ahorrar

Comprar para ahorrar. Rastrear tiendas, páginas web y aplicaciones de segunda mano para encontrar los mejores chollos y comprarlos. ¡Mira qué barato está! Si algo está a un precio escandalosamente menor del habitual es de idiotas no comprarlo. Un precio bajo está gritando: cómprame y habrás sido un mejor cazador que todos los demás que no han llegado a tiempo. Si la garrafa de cinco litros de aceite está dos euros más barato que en tu supermercado de confianza, no seas tonto, compra diez y pavimenta el suelo de tu casa con garrafas que simbolizan el ahorro. Tienen fecha de consumo preferente, no de caducidad. Perderán cualidades organolépticas, pero servirán para freír igualmente. ¡Qué maravilla tener despensas llenas de suavizantes de hace dos años y turrones de las pasadas navidades! Ya no se cuelgan cabezas de jabalí ni de ciervo en las paredes, sino zapatillas deportivas con mil combinaciones de colores en las estanterías. Cada una de ellas te recuerda el safari ahorrador en el que invertiste unas horas de tu vida. Olvídate de tener que decidir qué quieres o qué necesitas y déjate guiar por los precios, ellos son el faro guía de todo buen ahorrador que cuanto más gasta, más ahorra. Viajar donde el vuelo más barato te lleve, comer en el restaurante con el menú de precio más bajo, y lucir el vestido del color que quedaba en la sección de saldos. El precio más bajo como Dios de la cruzada del ahorro. Y morir con la casa llena de cosas que jamás tuviste tiempo de comer, vestir o enchufar. Ese es el gran éxito del ahorrador que gastó todo lo que pudo. Jamás se preguntó si necesitaba lo que compraba, ¡por supuesto que lo necesitaba! El subidón de saber que había localizado la anomalía del sistema, la oportunidad de oro de hacerse con algo que valía más que lo que estaba pagando, era más que suficiente. Y contarlo, lucirlo, delante de los perdedores que habían pagado más. Ellos eran los gastadores, los despilfarradores. No él, el gran ahorrador rodeado de camisetas que ya no le entran, cds vírgenes que ya no graba y cajas de té recolectado en la India varias décadas atrás. Gastar para ahorrar, claro que sí. El sistema nos hace sentir triunfadores incluso cuando perdemos.

miércoles, julio 15, 2026

Una muerte de ficción conmueve más que una real

Video: Una muerte de ficción conmueve más que una real

Una muerte de ficción conmueve más que una real. Un amante que fallece después de mil tribulaciones persiguiendo su amor. Un inmigrante que se ahoga en las aguas del Mediterráneo tras años luchando por llegar al barco que será su tumba. Si tiene un buen director detrás, la historia nos emociona hasta agotar la provisión familiar de pañuelos. Si es un titular de prensa lo barremos con el dedo buscando algo que nos llame más la atención. Una indemnización por resbalar con unos puerros o un cuadro valioso olvidado en un portal. ¡Flipante! Y es que necesitamos que se haya construido una historia alrededor del drama para conectar con ella. Si la muerte es anónima el impacto solo viene por dos motivos… una elevada cifra de muertos que los compacta en un gran evento, que paradójicamente anula a los individuos, o que su final haya llegado de una manera inusual, vistosa. ¡Se cayó haciéndose un selfie en un acantilado! La noticia está en el cómo no en el quién. El clickbait nos alcanza antes por lo llamativo de la forma que por lo humano de la pérdida. ¿Por qué reaccionamos así? Por el mecanismo de la empatía. Se despierta cuanto mayor es la identificación con el protagonista. Conocer detalles de quién es, o era, dibuja una identidad a la que poder atribuir sentimientos y emociones, una familia que lo llora y una vida truncada. Por eso todo buen periodista busca un rostro concreto para contar una historia más amplia, para tener un rompehielos que abra nuestra atención y corazón sobre lo que quiere contar. Exactamente como hacen las películas, incluso las de sesión de tarde. Mostrar humanidad, aunque sea ficticia. ¡Somos unos desalmados blindados ante el drama real! Cuidado, vivir a pecho descubierto, sintiendo por todo y por todos, nos condenaría a ser un crisol de dolor desbordado por la impotencia de ser incapaces de impedirlo. Filtrar emociones es tan natural como filtrar sonidos, ignorar el ruido de fondo nos permite escuchar lo que nos interesa. Oírlo todo nos condenaría a vivir aislados en una habitación insonorizada. Ahora bien, implantarse los tapones más gruesos del mercado impide escuchar música y las risas del otro. No te dejan conectar. Conseguir la permeabilidad justa para sentir sin abrumarse a cada paso, ni ignorar a quien se cae a nuestro lado, ahí está el reto. Si el cine ha sabido hacerlo, toca ser directores de nuestras propias películas basadas en hechos reales. Hay una en cada persona que nos rodea.

lunes, julio 13, 2026

Celebrar el día que se ha nacido

Video: Celebrar el día que se ha nacido

Celebrar el día que se ha nacido ¿Acaso es el más importante? Poco mérito tiene nacer, lo tiene para la madre que aguantó los 9 meses contigo dentro. Ese animalillo expulsado a la vida debería celebrar el día que conoció a su mejor amigo, o cuando ganó su primer sueldo e incluso aquel día que fue feliz inesperadamente. Pero no, las tradiciones nos obligan a celebrar el empujón que nos dieron al subir a esta atracción de feria de la que no se puede salir hasta que el cochecito se para. A menos que te sueltes el cinturón y en un giro te estampes contra el suelo. Sometidos a la esclavitud de las costumbres... Zorionak! No por nacer que no tiene mérito, sino por querer seguir viviendo!

martes, julio 07, 2026

Me han dicho que no coma frutas ni verduras

Video: Me han dicho que no coma frutas ni verduras

“Me han dicho que no coma frutas ni verduras”. Me cuenta una amiga que es la nueva dieta que está llevando la más delgada de su grupo. Carnes, hidratos, grasas y azúcares ya habían pasado por la guillotina de las dietas mientras que las manzanas y tomates aplaudían salvadas al otro lado de la pasarela. Hasta hoy. Cuando ya no se podía quitar más, ha llegado la solución definitiva, dejar de comer. Porque todo alimento que entra por la boca es sospechoso de hacer en nuestro cuerpo algo que no queremos. Cada plato que nos ponen en la mesa es un campo de minas que conspira para agarrarse al michelín, inflamar y disparar los asteriscos de los análisis. La comida ya no sirve para vivir sino para sufrir. Es cierto, desterrémosla, dejemos de comer y de pasarlo mal. Se acabo cocinar, las neveras y las vitrocerámicas. Hay que dejar de comer porque comer enferma y mata. (No comer también). Vale ya, ¿no? Vivimos en una sociedad oral en la que la salud entra por la boca, controlar todo lo que pasa por ella se ha normalizado hasta sospechar de las más inocentes, las que tenían cara de peluche y acogíamos en nuestros tenedores sin miedo, las frutas y verduras. A la obligación de ser guapo ahora se suma la de estar perfectamente sano, y si no lo estás es culpa tuya, por supuesto, porque tenemos el control total de nuestro cuerpo ¿no?. ¡Qué bien! Ya tenemos una nueva herramienta de discriminación: “Fulana no va al gimnasio y bebe alcohol”. Se está cruzando la línea de promover una vida saludable a la salud como objetivo de vida. El placer ya no es satisfacer lo que te gusta sino conseguir reprimirlo en aras de la supuesta salubridad. Miedo me da pensar en el impacto psicólogico de semejante perversión. Que la salud mental importa, pero oye, no se ve en las fotos. No hay que olvidar que el estilo de vida es solo uno de los pilares de la salud, otros muchos son la genética, factores sociales y económicos o el sistema sanitario. La ficción del control total sobre nuestra salud es una gran mentira, si fuera así la gente “saludable” jamás enfermaría ni moriría. Cuando la desinformación ha llegado al extremo de enviar a Guantánamo a un plátano y una lechuga, conviene desaprender el ruido social que nos atonta. Porque hay que cuidarse para tener una buena calidad de vida, y disfrutar para que merezca la pena vivirla. ¿Sabéis qué más le dijeron a mi amiga? “Vas al gimnasio, pero no se te nota”.

domingo, julio 05, 2026

No saques la mierda del pasado

Video: No saques la mierda del pasado

“No saques la mierda del pasado”. A ninguno nos gusta sentir que alguien ha guardado durante mucho tiempo un malestar que le hemos provocado y del que no teníamos noticia hasta ahora. En ese momento habla un rencor larvado que nos enfrenta a descubrir una nueva cara de la persona que creíamos conocer. ¡Le han clonado los ladrones de ultracuerpos! ¿Y por qué no me lo dijiste antes?. Las razones por las que callamos lo que nos gustaría decir son infinitas pero todas tienen en común una falta de confianza y un miedo a enturbiar el vínculo. El silencio lubrica las relaciones y la impostura nos permite vivir en sociedad. Entonces ¿por qué ahora? Cabe preguntarse si toda crítica retrospectiva viene envuelta en un rencor que ha reventado. Hay una fina línea que separa la voluntad de señalar con el dedo exorcizando el veneno acumulado de la de querer hacerse entender. La diferencia está en un simple concepto: quererse bien o no. Quien quiere bien, busca poner las cartas sobre la mesa, hacerse entender, ir más allá del último capítulo que no explica toda la historia, para mostrarse e integrar los sentimientos más incómodos en la complejidad que supone toda relación de intimidad. Para poder hacerlo, hay que tener al otro lado de la mesa a alguien que quiere lo mismo que tú. Seguir construyendo y disfrutando la relación. Se trata de conversar para ver el dibujo completo. Rozar para encajar piezas y aceptar las más feas como parte de un puzle final que no se rompe. Un juego de toma y daca, ¡aquí no se libra nadie!, en el que ambas partes salen ganando, aunque terminen con un par de moratones en lo que daban por sentado. Cuando no hay emparejamiento de voluntades, la comunicación nace muerta, condenada al aborto de hablar solo de lo ajeno y lo cómodo. Y se cava una nueva tumba en el cementerio de las conversaciones que te hubiera gustado tener. La mierda puede ser la suciedad que lanzas a la cara o el abono con el que quieres fertilizar la tierra de una relación fértil. El número de cervezas que sois capaces de tomar juntos sin mirar el reloj marcará la diferencia.

Agua pasada movió molino

El último párrafo no cuenta toda la historia.

Mutua molestia

Somos ruido conspirador contra la calma ajena.