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martes, marzo 31, 2026

Más corto, por favor

Video: Más corto, por favor

¡Más corto, por favor! Que el video sea más breve, el libro tenga menos hojas y la temporada menos capítulos. No tenemos paciencia ni capacidad de atención para mantenernos pegados a contenidos que pretenden robarnos un tiempo precioso y escaso. Vivimos una época paradójica en la que la producción creativa se ha disparado, por el abaratamiento de los medios, la democratización de la distribución y el mayor desarrollo de las inquietudes personales, y no así nuestra capacidad para disfrutar de semejante avalancha. Se publican unos 6000 libros al día en el mundo y se lanzan unas 100.000 canciones nuevas, pero el tiempo de que dispone el ser humano para su consumo no es mayor que antes. ¿Cómo puede el mercado vender más a unos clientes que no pueden absorber más producto? Reduciendo el tiempo para consumirlo, haciendo la galleta más pequeña para que el estómago coma lo mismo pero troceado. En el tiempo que antes escuchabas “We are the world” ahora puedes zamparte tres temazos de nuevo cuño, o cuatro. Allá donde antes leías “Los pilares de la tierra” ahora te metes entre pecho y espalda tres thrillers nórdicos. La maquinaria se garantiza así vender más por el mismo tiempo de consumo. ¡Todos contentos! ¿O no? El afán por no perdernos nada nos está llevando a visionados a velocidad acelerada, a tener dos pantallas funcionando a la vez, una con cada ojo, y a leer en diagonal los párrafos en los que se describen jardines y plazas cuando no hay un cadáver entre los sicomoros. Seguir esta tendencia nos llevaría a novelas de 50 páginas, temas de 30 segundos, microseries y ansiolíticos en una rueda de consumo donde el contenido no tendrá ocasión de dejar una huella mayor en nosotros que el ruido del instante. Curiosamente, en medio del mosaico de lo
breve triunfan los podcasts, osados contenidos extensos que se consumen como compañía de cocina, paseos y sueño. La capacidad de atender y dejarse acompañar está ahí, no se ha ido, porque nos gusta el calor de lo que permanece… tanto como la emoción de lo nuevo.

viernes, marzo 27, 2026

Ojalá no hubiera que dormir

Video: Ojalá no hubiera que dormir

¡Ojalá no hubiera que dormir!, nos lo dijo una profesora hace muchos años. Dedicamos un tercio de nuestra vida a dormir y consideraba intolerable esa pérdida de tiempo. Una pérdida mucho menor para los insomnes y/o fiesteros que seguro que ella aprobaría. Si no hiciera falta dormir tendríamos ocho horas libres a nuestra completa disposición para poder hacer lo que quisiéramos. Terminar toneladas de series pendientes, quedar con amigos, ir más al gimnasio o mirar el techo. Todo serían ventajas que reducirían nuestro estrés y mejorarían nuestra calidad de vida. Viviríamos más y mejor sin necesidad de tener que alargar la vida. ¿Seguro? Vaya por delante que la biología hace uso del sueño para muchas funciones, una de las principales, aprovechar que tenemos desconectadas nuestras actividades de vigilia para hacer trabajar más al sistema inmunológico en la reparación de nuestro cuerpo. Lo de tener un sueño reparador no es una frase hecha. Más allá del trabajo de los gremios celulares, para disponer de ocho horas extra de actividad tendríamos que alimentar al menos una vez más nuestro cuerpo y por tanto necesitaríamos comer más y más dinero para afrontarlo. No solo eso, ¿cómo llenaríamos esas horas libres? Leer y hacer running puede salir gratis, pero otras actividades de ocio requieren quemar tarjeta. Para gastar más hay que ganar más. Y siguiendo la ley de la oferta y la demanda, si el trabajador dispone de más horas de ojos abiertos, el mercado va a alargar su jornada laboral. Ahora en esas ocho horas de regalo hay que trabajar más para comprar más, comer más y tener más horas las luces encendidas y los coches circulando. Obligaciones extra para tener alguna “posible” hora de ocio adicional. ¿Qué ha pasado con el nirvana del insomne? Que el sistema ha adaptado sus fórmulas actuales a una jornada vital más larga dejándonos la misma sensación final que tenemos ahora mismo, robándonos además el placer del sueño. Las cosas pueden ser distintas y no por ello sentirlas como mejores. Y ahora… a la siesta.

martes, marzo 24, 2026

No veo nada en ese cuadro

Video: No veo nada en ese cuadro

“No veo nada en ese cuadro”. Sí ves algo: colores, formas, patrones y texturas, pero no hay ningún rostro que te esté mirando. Buscamos sin querer imágenes reconocibles en toda obra que se nos presente, esa mancha parece un caballo, y aquel trazo dibuja la silueta de una mujer. Resulta inevitable hacerlo, hoy mismo he visto una calavera gritando en las gotas de agua de la mampara de la ducha y una medusa mecánica entre las vías del tren, pero el arte abstracto es otra cosa. “Ese cuadro lo podría pintar un niño”. Puede que sí, ahora intenta pintar como un niño siendo adulto, a ver qué te sale. Se juzga como arte inferior aquel que no parece requerir una exquisita habilidad técnica porque no representa nada explícitamente, cualquiera puede derramar pintura sobre un lienzo a lo Pollock o trazar líneas de colores a lo Mondrian, ya, pero a ellos se les ocurrió primero. Minipunto para el artista. “Ese cuadro naranja y verde nos quedaría fenomenal con los muebles del dormitorio”. La ausencia de mensaje explícito ha conducido al abstracto hacia el mundo de la decoración donde sus patrones y colores combinan y no molestan. Papeles pintados enmarcados que quedan monísimos e incluso puedes encargar el pantone a tu medida. Cuidado, no confundamos términos. No todo lo que decora es arte, arte es aquello que nace de la mano de un artista. Y es ahí donde está la magia del abstracto. Pintando abstracto la conexión entre cerebro y mano es directa e instintiva, sin apenas filtros que controlen lo que estás haciendo, es casi una pintura automática en la que el cuerpo se expresa sin mediar más raciocinio que el que te ha llevado a ponerte delante del lienzo. Te dejas llevar y sale algo que ni sabes cómo será. Tu cuerpo habla. Y cuando miras el cuadro, lo escuchas. Te gustará o no, pero ese es otro tema. El arte abstracto es tan natural en nosotros como los garabatos que hacemos sin pensar en las esquinas de los cuadernos.

sábado, marzo 21, 2026

Encantado de conocerte

Video: Encantado de conocerte

¡Encantado de conocerte!
No te había visto nunca por aquí.
Acabo de venir por curro.
¿Y ya has pillado piso? porque la cosa por aquí está jodida…
Me estoy quedando en casa de un colega hasta que encuentre algo…
Si necesitas que te ayude, me dices.
Oye, que tengo que llevar cajas a la nueva casa ¿puedes echarme un cable?
Claro, domingo tarde ¿te cuadra?
Perfecto, vente y te invito luego a una pizza y unas birras…
Oye, te debo una cena… organizo una en la soci con los colegas el sábado ¿te hace?
Joer, gracias…
Tenemos que poner fecha a la ruta en bici que comentamos el sábado.
Cuando quieras… pero no tengo bici aquí.
Se la pido a mi hermano, no te preocupes…
¡Qué majo tu hermano, tío!
Le has caído tan bien que me ha dicho que invite a la barbacoa que va a hacer por su cumple.
Tu familia es la hostia, tienes que venirte a mi pueblo en verano y conocer a la mía.
Las vacaciones han sido la leche, tío… eres un colega de puta madre.
Y tú, tío… cuando me pasa algo a la primera persona que me apetece contárselo es a ti.
Si no llega a ser por tu curro ni nos conocemos…
Se me acaba ya y estoy moviendo currículums… igual en la capi sale algo.
Oye, guárdame sitio en tu nuevo sofá para cuando vaya, eh?
Joer, te echaba de menos, gracias por venir…
Dos meses llevas ya aquí, tío ¿qué tal con la peña?
Gente muy maja, la verdad…
Oye, ¿hacemos algo en Semana Santa?
Es que hemos montado una con los del curro que tocan en un grupo y van a hacer unos bolos.
La próxima, no te preocupes…
¡Feliz año! A ver si este encontramos unos días y nos vemos.
Claro que sí.
Felicidades, que estás hecho un chaval…
¡Feliz año!
Feliz.
(Silencio)

miércoles, marzo 18, 2026

¡Libre!

Video: ¡Libre!

¡Libre! Abres los brazos en plena naturaleza un día de sol y te sientes libre. Coges aires y te cuentas que eso es la libertad. Te quedarías allí toda la vida. Hasta que estás cansado y vuelves a casa. Porque no puedes quedarte a vivir en plena naturaleza. No te lo permitiría el dueño del terreno, ya sea público o privado. Resulta que la libertad termina donde empieza la propiedad. Y todo es de alguien. Podrías plantearte comprar un terreno en mitad de la nada e instalarte allí, lejos de todo, libre. Si eres propietario ya tienes que pagar tasas, impuestos y suministros. Y cuando hay que empezar a pagar, hay que generar ingresos para afrontar esos gastos. Acabas de entrar en el sistema que te ha puesto un contador virtual en la frente: tu cuenta corriente. Una serie de números que suben y bajan sin apenas pasar por tu bolsillo. Son líneas de valor generado y valor consumido por vivir en sociedad. No eres materialmente libre y debes relacionarte con el exterior para realizar cualquier tipo de intercambio. Hasta el ermitaño más aislado baja al pueblo una vez al mes para comprar aspirinas. Todo contacto exterior implica exposición. Y exponerse supone tener que seguir unas normas de comportamiento. Se espera de ti que cumplas unas convenciones sociales que hagan factible la convivencia. ¡A mí nadie me dice lo que tengo que hacer! Bueno, si quisieras pasear desnudo por la ciudad, te lo impedirían. Cerramos la puerta entonces y nos quedamos en casa. Fuera de miradas ajenas. Lejos de juicios y convenciones. La intimidad te acerca a la libertad. ¿Y si hay alguien más entre esas cuatro paredes? Si estás delante de otro, dejas de ser libre. Convivir implica pactar. Y todo pacto supone una cesión de libertad. La soledad sin espectadores, reales o virtuales, acompañado solo de tus pensamientos es lo más cerca que vas a estar de ser libre. Porque la libertad no está fuera, está dentro. Y si la dejas puede ir contigo hasta el borde del mar con una cervecita en la mano.

sábado, marzo 14, 2026

Déjalo, no eres lo suficientemente bueno

Video: Déjalo, no eres lo suficientemente bueno

“¡Déjalo! no eres lo suficientemente bueno. ¿Pero no has visto todo lo que hace la gente? No se te da mal, está bonito y, oye, si te entretiene, sigue. Eso sí, no esperes ganarte la vida con eso.” Es difícil destacar. Si todo el que hace algo triunfara ¡no cabrían los premios en nuestras casas! ¿Dónde se ha visto eso? Para que unos ganen, otros tienen que perder. Nadie se acuerda de los que quedan segundos, ni siquiera de los nominados. Solo hay espacio bajo el foco para los mejores. Olvídate de recibir ingresos inesperados en cuenta, vestir de diseñador y protagonizar fotos en blanco y negro en suplementos dominicales… que solo tienes siete likes. Si no vas a llegar a nada, no merece la pena el esfuerzo, solo vas a perder el tiempo y te vas a frustrar. Anda, venga, vamos a ver qué echan en la tele. Solo merece la pena hacer algo si te permite triunfar. Porque el mundo se divide entre los que tienen éxito y el público que los admira aupándolos a lo más alto. Si no estás en un grupo, estás en el otro. ¡Quieto ahí! ¿Los hay mejores que tú? Sí, asúmelo. ¿Vas a vivir de lo que te gusta hacer? Es probable que no. ¿Solo merece la pena dedicar energía a lo que te reporta dinero y atención? Si esa es tu única motivación, vale. Pero si disfrutas, y sudas esforzándote, si te sorprende lo que eres capaz de hacer, si tu día ha merecido más la pena porque te has gustado haciéndolo, si conectas con los siete que valoran lo que significa para ti… ¿por qué dejar de hacerlo? Jugar en todos aquellos terrenos que te llaman la atención te hará conocerlos mejor, amarlos más y sentirte parte de ese mundo aunque solo tú lo sepas. Cuando haces lo que te gusta nunca pierdes. Ganas tú aunque nadie se entere.

miércoles, marzo 11, 2026

Hay pandemia de ombliguismo

Video: Hay pandemia de ombliguismo

“¡Hay pandemia de ombliguismo!”, me grita una amiga desde un mensaje. A priori todos estamos de acuerdo en que la convivencia es un intercambio de mutuo beneficio. Damos y recibimos. Un trueque ancestral sobre el que se asienta la estructura económica y social de nuestra civilización. El juego funciona en la medida de que cada uno cree recibir lo mismo me da. Es la subjetividad del valor lo que conduce a la satisfacción de las partes. Todo va bien hasta que un día, una sola persona, siente que ha recibido menos de lo que ha dado. Valora como injusta la situación, reclama, pero no consigue obtener más. Se enfada y se protege. Nunca más volverá a pasarle lo mismo y actuará tal y como lo han hecho con él. Dará menos por lo mismo que antes. No solo a quien siente que le estafó, sino a todos los demás. Sea quien sea. Como un pueblo que siempre ha dejado sus puertas abiertas y ante un único robo decide poner cerraduras en todas las casas. Un solo ladrón ha cambiado todo un pueblo. Dejamos de confiar en el desconocido y buscamos nuestro único bienestar. El ombliguismo acaba de nacer. El “si tú no, yo tampoco”, lo propaga exponencialmente y se convierte en un valor social estructural. Pensar solo en ti mismo es lo normal, lo contrario, la excepción. Incluso las almas más atrevidas se ven obligadas a retirarse a sus cuarteles de invierno por supervivencia, cediendo a la pandemia. Les hacen ser como no quieren ser. Y el ombliguista se empodera. “Fíjate, el que iba de bueno”. ¿Hay vacuna? Los que anhelan la vuelta al viejo sistema necesitan que otro de el primer paso, necesitan recibir primero, para creer que es posible volver a dar. “Tú primer”. Cuesta llevar la iniciativa porque muchos se aprovechan de los primeros pasos de otros y los succionan hasta anularlos. “No hay nada que hacer, son todos iguales, se acabó”. O no. Cada nueva persona es una oportunidad de tener un vínculo positivo, de toma y daca, grande o pequeño, incluso desequilibrado, pero satisfactorio. Podemos ofrecer nuestra mejor versión, ser como queremos ser, hasta que nos demuestren lo contrario. Ojalá esa sea la nueva pandemia.

lunes, marzo 09, 2026

Todos somos carniceros

Video: Todos somos carniceros

¡Todos somos carniceros! Cuando nos ponen una pieza delante elegimos el corte que nos apetece comer ese día. Póngame kilo y cuarto de solomillo fiestero para el sábado noche, unas buenas orejas que escuchen mis dramas el domingo tarde, mira a ver si te quedan en la cámara unas manitas que me ayuden entre semana en el trabajo y un poco de falda que se quede con los niños el jueves. Hacemos la compra de las partes de otros que mejor nos vienen para el menú semanal, una compra perfecta con la que dejamos los callos, la lengua y el zancarrón para los que vengan detrás. Ese es nuestro ideal, quedarnos solo con lo mejor de los
demás, lo que nos viene bien y se acomoda a nuestras necesidades. En esta carnicería a la carta muchos clientes quedan satisfechos. Cada trozo de carne encuentra su perfecto comensal. Pero el mercado rara vez deja los almacenes vacíos y los estómagos llenos al mismo tiempo. Hay que comprar costilla queriendo solomillo para no pasar hambre o aceptar ofertas de piezas más grandes porque las bandejitas se han agotado. Lo más difícil es conseguir que alguien compre la bestia entera, con sus partes más nobles cubriendo hígado e intestinos. Aceptando llevarse sabores y olores que no gustan a cambio de disfrutar de la carne más delicada que se deshace en la boca. Y es que para que el solomillo esté tierno, un estómago ha tenido que digerir la hierba, para que alguien interrumpa su vida y te coja el teléfono hoy, tiene que haberse divertido contigo ayer. Somos un todo que solo se entiende en su conjunto, cada parte explica la otra. Aromas dulces y amargos que saborear, o dejar en el plato, pero sin levantarse de la mesa. Podemos, y debemos, compartir solo trozos, y atrevernos, cuando la bestia nos gusta, a comprar el animal entero. Despiezarlo puede ser muy entretenido.

viernes, marzo 06, 2026

Mientras caen bombas hay quien se lo pasa bomba

Video: Mientras caen bombas hay quien se lo pasa bomba

“Mientras caen bombas hay quien se lo pasa bomba”, me comentan con pudor moral. La simultaneidad de sucesos terribles y banales en la misma pantalla cortocirtuita al espectador que se siente como el vecino que escucha pedir auxilio al otro lado de la pared y lo ignora para seguir comiendo palomitas. Deberíamos parar las máquinas de purpurina y dedicar toda nuestra gasolina a ayudar a quien lo necesita. Cuando el problema esté resuelto podremos volver a bailar y reír luciendo camiseta nueva. ¿Existe ese momento en el que todo vuelve a estar bien? A un vecino podemos ayudarlo, pero no es el único en situación de necesidad. Si pones las luces cortas verás mendigos en tu calle, desempleados y refugiados. Si enciendes las largas… vulneraciones de derechos humanos, discriminación, dictaduras, pobreza, hambre y guerras. Ser consciente de las más crudas realidades puede llegar a desconectarte de los valores de un mundo acomodado, a sentirte estúpido preocupándote del color de un sofá cuando alguien no va a comer esta noche. Unos pocos han decidido hacer algo al respecto y entregarse. En el otro extremo están las formas de vida más individualistas, aquellas personas cuyos movimientos están dirigidos por una única premisa: satisfacer sus propias necesidades. Como bacterias, serpientes o aliens que están programados para sobrevivir y perpetuarse, primera línea de programación de una biología amoral. Solo que a estos últimos se los mira mal por ser de otra especie y querer hincarnos el diente. Spoiler: Los otros también están deseándolo. ¿Entonces? La vida no se para, continúa pase lo que pase, porque después de un funeral hay que poner la lavadora. La vida no espera a que llegue un buen momento o podría paralizarse y desaparecer. La vida necesita la alegría en medio de la tristeza, la banalidad en medio del drama, el juego, aún con el estómago vacío, para seguir apostando por vivir. La esperanza está en el egoísta que pensando en sentirse
mejor lo consigue preocupándose por los demás.

miércoles, marzo 04, 2026

¡Qué maravilla tener tanto para elegir!

Video: ¡Qué maravilla tener tanto para elegir!

¡Qué maravilla tener tanto para elegir! Infinitas películas, libros, restaurantes y camisetas están al alcance de nuestras manos. Atrás quedaron los tiempos del “esto es lo que hay” porque ahora hay eso y mucho más. ¡Tenemos un poder de elección universal! ¿O no? Porque no podemos tenerlo todo, y menos aún, a la vez. Son las pegas de disponer de un solo cuerpo, una nómina mensual, un armario de dos cuerpos y un par de horas por delante. Hay que elegir y cuanto mayor es la oferta, más complicada la decisión. Si ya cuesta pedir un sabor de helado, como para pinchar una sola canción de la fonoteca mundial. El proceso de búsqueda y selección se ha vuelto tan complejo que está robando el tiempo que debería dedicarse a disfrutar de esa decisión que se resiste. ¡Hay que elegir cómo elegir! Hay quien hace de la búsqueda, ocio ¡Vámonos de compras! Y para quien es un suplicio. Para no perder tiempo tiramos de lo ya conocido, de lo primero que vemos o nos ponemos en manos de “ellos”. Ellos son los que hacen negocio de la búsqueda, cobrándote por hacerla por ti. Los prescriptores, influencers, plataformas y redes que dicen qué debes hacer. Y te cobran, sí, su sueldo va en el precio de lo que venden. Pero tú eres más listo y no te dejas engañar, rastreas páginas, opciones y menús para decidir por ti mismo. Esa aparente búsqueda también está mediatizada por quienes pagan para mostrarse más, más grande y en el menú principal. La aparente libre elección se realiza sobre el abanico que otros han elegido por ti. Nunca tanto fue tan poco. Ellos ganan, casi siempre. Solo se rinden cuando alguien tiene curiosidad.

sábado, febrero 28, 2026

Mejor ponle un marco

Video: Mejor ponle un marco

“Mejor ponle un marco”. Si descuidas el marco estás condenando la percepción de lo enmarcado. Marco entendido con contexto de tiempo y espacio, ampliable a cualquier otra dimensión del multiverso. “Vamos a ver, una pintura es la misma con marco o sin él”. Cierto, la obra es la misma pero no se percibe igual colgando de una inmensa pared blanca en un museo que rodeada de figuritas de gatos en el salón de tu tía Puri. Un marco adecuado realza el valor del contenido, conmina al espectador a prestar atención y sentir que tiene delante algo que merece la pena. La predisposición a la hora de leer una novela no es la misma si viene encuadernada en canutillo que en rústica. Una es algo casero que aún no ha pasado el corte de una editorial y la otra es una obra tangible que luce portada y prólogo. Misma creación, diferente percepción. Lugares, calidades, materiales y luces, enmarcan. También el cuándo. La compleja emocionalidad humana tiene más picos y valles que el electrocardiograma de un
taquicárdico. La tranquilidad, el descanso, la actitud positiva nos permite apreciar lo más pequeño, mientras que el estrés, el cansancio y la negrura reducen a mínimos lo que estamos dispuestos a ver, escuchar y sentir. Un manjar se rechaza con el estómago lleno, y un mensaje absorbente se silencia cuando una preocupación secuestra tu energía. El envoltorio influye en el contenido hasta el punto de transmutarse en contenido en sí mismo. El mensaje paga el
pato de un mal marco. Cuidarlo mejora la transmisión y empatiza con el receptor. Una vez que la obra ha llegado a destino, el marco vuelve al lugar secundario que le corresponde dejando el protagonismo a lo que importa, al contenido. El fiel siervo da un paso atrás porque sabe ya ha cumplido con su misión, el mensaje vuela con la capacidad de sobrevivir a los más áridos marcos. Ya podemos disfrutar de la canción en un mal equipo de sonido. Ha trascendido. A todo esto, me llamo Marcos. Por comentar.

sábado, febrero 21, 2026

El que no es normal es anormal

Video: El que no es normal es anormal

El que no es normal es anormal. No diferente, porque diferentes somos todos, pero anormales son aquellos diferentes que se salen de las discrepancias aceptadas por la normalidad. Gatos y perros sí, arañas mejor no. La modernidad asegura ser tolerante y aceptar toda opción por muy lejos que esté de la suya, declaraciones oficiales en redes y reuniones con los dedos cruzados a la espalda deseando que sus hijos jamás elijan fuera del círculo de aceptación. “Ser diferente te hace especial”. Bonito eslogan que solo se cumple cuando la diferencia viene acompañada de talento, éxito, dinero o belleza. En caso contrario la diferencia te hace un anormal del montón. Un anormal que debe justificar su anormalidad como si fuera una decisión premeditada, una oposición a la norma voluntaria, una estrategia y no algo tan natural como la instaurada normalidad. El normal nace con la certeza de estar en el lado correcto de la historia. Reforzada su autoestima por el apoyo de la mayoría que son como él, no ha tenido que esforzarse en ser como es porque le venía de serie el modelo al que se le ponen todos los semáforos en verde. “El anormal aprende a desarrollar una personalidad fuerte defendiendo su anormalidad”. Eso si es capaz de pagar la factura del enjuiciamiento, rechazo y aislamiento que a muchos empuja a travestir su anormalidad enfundándola en un traje gris de corte impecable. El grupo desconfía de la diferencia porque pone en riesgo su estabilidad, sus valores y hasta su misma existencia, sin embargo la naturaleza tiene claro que la diferencia es imprescindible para la vida. La endogamia conduce a la enfermedad, mientras que la mutación a nuevas soluciones con las que adaptarse a un entorno cambiante. La anormalidad es imprescindible para que la normalidad sobreviva. Un abrazo a todos los anormales. 

miércoles, febrero 18, 2026

Un problema no existe hasta que alguien lo señala

Video: Un problema no existe hasta que alguien lo señala.

Un problema no existe hasta que alguien lo señala. Un grifo que gotea, una nevera vacía o una mancha en la camisa no son un problema hasta que alguien grita airado que el lavabo está siempre salpicado, que no hay nada para cenar o cómo vas a ir a trabajar con tomate en la pechera. Nos acostumbramos a ignorar los desajustes que nos rodean como filtro necesario para convivir y no morir de un infarto con cada cuadro torcido, amigo que llega tarde o retraso en el tren. Hay que dejarse fluir, ser tolerante y no estar a la que salta. Si no te quejas, los problemas no existen. Qué más quiere la sociedad, tu familia, pareja y amigos que no protestes por nada. Eres el sumiso perfecto que les hace la vida más fácil. Tu matrimonio en coma seguirá vivo mientras nadie certifique su defunción en voz alta. Tu compañero incompetente seguirá siendo el favorito del jefe mientras nadie ponga sobre la mesa sus tropiezos. Brillarán móviles en el cine si nadie los afea. Faltará papel en el wáter si nadie pone en evidencia a quien lo termina y no lo repone. Y es que señalar un problema te convierte a ti en el problema. No hay mierda debajo de la alfombra si nadie la levanta. Dejar las cosas como están es más fácil. No obliga a tomar medidas, lanzar mensajes incómodos ni arriesgarse a empeorar una situación a la que ya estamos acostumbrados. Bastante tengo con lo mío. Vivimos en un mundo tapizado con alfombras de doble fondo, tú eliges si pisas sobre la mierda o intentas que no se acumule arriesgándote a molestar por hacerlo.

sábado, febrero 14, 2026

La pantalla se encendió sola

Video: La pantalla se encendió sola

La pantalla se encendió sola. Así, de repente, en medio de la oscuridad, cuando estaba con los ojos cerrados. Sentí el molesto brillo a través de los párpados, que aún fue mayor cuando tuve que abrirlos para intentar apagarla. Era la única pantalla que se había encendido sola de las más de cincuenta del autobús en el que viajaba. La apagué. Al cabo de unos minutos volvió a encenderse. Solo la mía. Una vez más. Los duendes de la tecnología no querían dejarme dormir. Pasó tres veces más hasta que se cansó de mí. Si esa misma pantalla que se enciende sola hubiera sido la de mi dormitorio, a solas en mitad de la noche, la superstición hubiera hecho temblar a la sensata desconfianza en la calidad tecnológica. El miedo es mayor a solas. Por eso nos gusta juntarnos, para espantar el miedo, para negarlo, o en el peor de los casos para compartirlo.

miércoles, febrero 11, 2026

Se mandan fotos, no se escriben.

Video: Se mandan fotos, no se escriben

“Se mandan fotos, no se escriben”, me cuenta una amiga. Son dos adolescentes que no necesitan decir palabra para lanzarse mensajes, comunicarse y entenderse, una vuelta a la imagen que lo explica todo como el jeroglífico que representa al Dios sol. Decíamos ayer que la mayoría de las fotos tienen una vida de 24 horas, y es que se han convertido en un lenguaje simbólico en sí mismo. Como las palabras escritas en mensajes o notas creadas para ser leídas y destruidas acto seguido. El emoticono inició un proceso de sustitución de las palabras por imágenes. Nos simplificaron las respuestas gracias a su ambigüedad y simpatía intrínseca. Que te proponen una comida la semana que viene a la que no te apetece ir pero no tienes el valor de decirlo, nada más fácil que mandar un guiño. Ni afirmas ni desmientes mientras sonríes. Que recibes un mensaje emocional al que no sabes ni cómo contestar, mandas un beso. Son dibujos que dicen lo que no sabemos o queremos decir con palabras. Además, cualquier petición, reproche, recordatorio, negación o excusa siempre se recibe mejor con el remate de uno o varios emojis. Un emoticono es la expresión del buen rollo aunque sea una cara enfadada o un pulgar hacia abajo. Si te mandan a la mierda con un chorongo sonriente todo sienta mejor. De los emoticonos, a los gifs, stickers, fotos y reels… compartir imágenes o vídeos se ha convertido en una comunicación en sí misma que no requiere explicación sino un código subjetivo de interpretación abierta como una línea de puntos que debe rellenar el receptor. Se simplifica el esfuerzo comunicativo y se blinda la sospecha de mala intención en el envío. Se ha hecho realidad aquello de que una imagen vale más que mil palabras porque permite mayor velocidad despachando comunicaciones, simplifica el mensaje, supone un ahorro en la elaboración de argumentos y también una menor exposición emocional. Es que a veces… las palabras dicen demasiado.

domingo, febrero 08, 2026

Donde no había nada, nació el polvo

Video: Donde no había nada, nació el polvo

Donde no había nada, nació el polvo. En un espacio herméticamente cerrado, sin puertas ni ventanas, donde nada ni nadie puede entrar o salir, hay quien sí consigue materializarse… el polvo. Si limpias meticulosamente una superficie y te quedas mirando el tiempo suficiente verás cómo se posan esas partículas cuasi-invisibles que están esperando pacientemente a depositarse. Parece que no pesan, que se dejan llevar ligeras por el viento, pero no, la fuerza de gravedad las atrae a las superficies horizontales e incluso a las verticales… cómo olvidar un gotelé caramelizado de polvo. El polvo está formado por fibras de nuestra ropa, miles de epiteliales que dejamos caer cada día para ayudar a los agentes del CSI, y pelos, que son siempre tuyos si vives solo, se siente, amén de una inmensa variedad de toppings que van desde las uñas a trocitos de comida. Ese polvo crece y se multiplica formando pelusas que albergan colonias de felices ácaros, que curiosamente, siempre son grises. Como la plastilina de colores que cuando se mezclaba terminaba formando una informe masa gris. El gris como suma de colores por mucho que la teoría de la luz diga que el arcoíris girando nos regala el color blanco, pues no señor, tu armario a toda velocidad se vería gris, gris pelusa. La ciencia lleva décadas tratando de crear vida orgánica a partir de materia inorgánica sin éxito, desde aquí queremos animar al CESIC a que parta de la materia base universal: una buena pelusa cargada de polvo cósmico.

viernes, febrero 06, 2026

Tengo entradas para dentro de un año

Video: Tengo entradas para dentro de un año

“Tengo entradas para dentro de un año”. Imposible saber si entonces seguirás con tu pareja, tendrás trabajo o incluso habrás muerto, pero tienes una gran certeza… ese día irás a un gran evento. Eres incapaz de saber si el próximo sábado te apetecerá quedar y no hablemos de comprometerte a un fin de semana de casa rural el mes que viene, pero firmas con sangre tu presencia a doce meses vista en un espectáculo que aún ni se ha ensayado. Como compradores compulsivos de papel higiénico y bidones de agua tras un apagón, corremos al teclado a la hora señalada de apertura de venta de entradas para no quedarnos sin una. El
espectador cabal que no quiere dejarse arrastrar por la marea solo tiene dos opciones: renunciar o asumir que no habrá butacas cuando esté dispuesto a comprarlas. El miedo a quedarse fuera empuja a sumarse a un terremoto de irracionalidad colectiva. El fenómeno beneficia a los promotores que disponen de tu dinero durante un año sin ofrecerte nada a cambio, beneficiándose de una financiación a coste cero que en caso de cancelación pueden devolver dejando los intereses en su cuenta. No estamos dispuestos a pagar hoy por las hamburguesas que comeremos dentro de un año ni por el corte de pelo que nos haremos la próxima primavera, pero apoquinamos sin dudar por un show a futuro. ¿Por qué? Porque ahora lo que importa es asistir al evento que es tendencia, no importa si el artista te gusta o conoces más canciones que el single que lo petó, es un “hay que ir”, “hay que estar y decir que has estado”, ya te encargarás tú de convencerte de que te ha gustado. Ocio convertido en estrés al teclado, desembolso por adelantado y apuesta de futuro para contarnos y vender la súper agenda que tenemos. Gente, el sistema ha vuelto a jugar con nosotros.

martes, febrero 03, 2026

Este es tu nuevo compañero

Video: Este es tu nuevo compañero

Este es tu nuevo compañero. Bueno, eso está por ver. Suele utilizarse el término “compañero”para referirse a cualquier persona que trabaja en tu misma empresa, independientemente de que trabaje en otro departamento, otro edificio u otro país. Si en vuestras nóminas figura el mismo pagador, sois compañeros. Tanto da que no le hayas visto en tu vida o no sepa tu nombre ni qué cara tienes. Sois compañeros por la gracia del número de identificación fiscal de
la empresa que os une. Compañero es una de esas palabras de definición subjetiva como amor, amistad o justicia que dejan a los diccionarios a la altura del betún. Según ellos, compañero también sería quien no te saluda al llegar, no se coordina contigo o no hace bien su trabajo perjudicando el tuyo. Basta ya. Compañero es quien te acompaña, aquel en quien puedes confiar, colabora contigo y contribuye a sacar adelante el trabajo y la jornada de la mejor manera posible. Compañero no solo es quien comparte mesa contigo, puede ser tu jefe que te trata con respeto o la recepcionista que recoge un paquete que ha llegado para ti. ¡Eh! ¡Yo no vengo al trabajo a hacer amigos! Efectivamente el trabajo no es el Tinder de la amistad, pero si evitas la creación de cualquier vínculo personal no te permitas el lujo de considerarte
compañero de nadie. El compañerismo es una relación marcada por el contexto, de fuego enemigo que une en la trinchera, de cubrirse las espaldas o pasarse una cantimplora cuando hay sed. Fuera del campo de batalla, cada uno decidirá después con quién se toma una cerveza. No existe el buen o mal compañero, solo el compañero y quien no lo es. ¿Y tú? ¿Eres compañero?

miércoles, enero 28, 2026

Al cine se va a ver una película

Video: Al cine se va a ver una película

Al cine se va a ver una película, no a molestar. Solo he mirado la hora en la pantalla. ¿De qué te sirve mirar la hora? La película va a durar lo mismo, quédate o vete. Y si no puedes resistir el irrefrenable impulso de saber en qué hora vives, por favor baja el brillo de la pantalla por debajo del nivel “sol de mediodía”. Tío, mira la película y no te fijes en lo que hago. Eso me gustaría, perderte de vista, pero la capacidad de percepción humana me obliga a ver tu faro en mitad de la noche, de la misma manera que no se puede evitar leer los subtítulos de una película aunque no los necesites. También te molestará que coma palomitas, pesado. Come y bebe sin hacer de ello un espectáculo mayor que la propia película, y si llevas celofán, ábrelo en el mismo sitio que te echas un pedo aromático sin pudor. Si quieres comer nachos y salchichas, tienes pacederos con pantalla ultragrande donde puedes ver superhéroes envueltos en cheddar con licencia para eruptar. Allí no nos encontraremos. Como comente la trama, igual te da un ictus. Un comentario, una risa, un susto, son parte de la experiencia de ver una película rodeado de otros espectadores, hacer una tertulia o spoilers a volumen de youtuber… mejor en tu casa. Una película en pantalla grande es una inmersión, una experiencia que busca conectar con la historia a un nivel superior que en tu sofá y por ello se paga un dinero. Disfrutar y dejar disfrutar es el objetivo. Mal quienes molestan. Mal también los tibios tolerantes que deciden callar y normalizar la molestia para no ser ellos a quienes se señale por molestos. Lo de los niños dando patadas, los relojes linterna y enfermos del whasapp lo dejamos para otro día.

domingo, enero 25, 2026

Te vas a quedar calvo

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“Te vas a quedar calvo”. Hace más de 25 años que me lo dijeron por primera vez. Uno de esos amigos bendecido con el don de la videncia que buscan compensar sus complejos augurandomales ajenos. Falló, de momento, como todo augur digno de programa propio de madrugada, pero generó una inseguridad prescindible y gratuita donde antes no la había. El pelo, o afinando más, su ausencia cuando es requerido y su presencia allá donde no se le ha invitado, es una preocupación a la altura del pago de la hipoteca o la educación de los hijos. Nuestra salud no pasa por la calidad de la melena, pero sin ella es la autoestima la que se desmelena. En breve, las revisiones médicas de rutina incluirán un índice de densidad capilar. ¡Mucho ojito como aparezca el asterisco! El pelo forma parte de nuestra imagen, de cómo nos vemos y ven, importa. Gracias a los peluqueros que nos hacen sentirnos guapos hoy y ridículos en las fotos veinte años después, faltaría más. Pero el pelo no es nuestro dios. Hay mucho corte ideal que dejamos de ver cuando abre la boca la cabeza que lo trasporta. Era idiota, pero qué pelazo tenía. En tiempos del “Homo capilaris” hay que decir que somos más que nuestro pelo, aunque sea yendo a contrapelo.

Más corto, por favor

Video: Más corto, por favor ¡Más corto, por favor! Que el video sea más breve, el libro tenga menos hojas y la temporada menos capítulos. No...