sábado, septiembre 26, 2026

Ya lo cambiaré

Video: ¡Ya lo cambiaré!

¡Ya lo cambiaré! Es lo que pensó mi abuela cuando conoció a mi abuelo. Las personas son arcilla en nuestras manos y podemos moldearlas para que se adapten a lo que nos viene bien. Podemos hacer del impuntual un obseso del reloj, del olvidadizo un tipo atento, del egoísta un dechado de generosidad… está chupado. Basta con utilizar alguna de las reglas mágicas ancestrales: el reproche o la amenaza. Nada mejor que un buen ultimátum bomba para arreglar las cosas. Y si te ves capaz, puedes optar por aplicar una herramienta estratégica de alta tecnología: la manipulación. Conseguir el cambio haciéndole creer que ha sido idea suya y por su bien. ¡Qué fácil es hacer que los otros cambien sin necesidad de hacerlo uno! Creo que tienen que estar a punto de sacar el cursillo de autoayuda para autoayudar a los demás. Se advierte que esta infalible metodología funciona como los insecticidas: Los “cambiados” callan, desconfían, huyen y desaparecen. Si se van es porque no te merecían. Y oye, qué maravilla es tener la razón aunque te quedes solo. Cuando intentar cambiar a los demás no funciona, lo que te queda es cambiar a ti. Porque sí, podemos cambiar. Empezamos viendo la vida en blanco y negro como Barricada, pero aprendemos a distinguir la variedad de grises hasta darnos cuenta de que la paleta es tan amplia como la del color. De repente un día descubres que el reproche por sistema genera rechazo, hablando claro, tú generas rechazo. Es mejor echarle ingenio y buscar alternativas viables a los desencuentros, y si no las hay, o no son satisfactorias para ambas partes, asumir que lo deseable no es posible. Porque nadie puede dar más de lo que es capaz de dar. No somos iguales. No podemos interpretar al otro solo en base a nosotros mismos. El peso de cada palabra y acción es diferente según de quién provenga. Hay que entender los ingredientes del complejo cóctel que tenemos delante para ser justos, y a partir de ahí decidir si compartimos barra de bar o seguimos de ronda por la ciudad. ¡Ah! Por si alguien se ha quedado con la duda, mi abuela no consiguió cambiar a mi 
abuelo.

sábado, septiembre 19, 2026

Solo sé que me encantó

Video: Solo sé que me encantó

Solo sé que me encantó. Esa película de la que no recuerdas el argumento pero sí la sensación que te dejó verla. No sabes si la fotografía era de óscar ni si el argumento tenía agujeros, solo estás seguro del buen rato que pasaste. Porque por encima de las razones técnico-artísticas para juzgar lo que has visto, está el impacto que ha tenido en tus emociones. Y la memoria emocional arraiga con más fuerza en nuestro cerebro que la otra, la de los datos y argumentos. Las emociones van directas a ese rincón del cerebro que de manera instintiva nos dice a qué acercarnos y de qué salir corriendo. Así, cualquier mala experiencia tiñe de negro nuestra relación con un alimento inocuo, como esas lentejas que no puedes ni ver, a pesar de que te flipan las alubias. O nos encanta un rincón, anodino a otros ojos, porque fue escenario de juegos y confidencias durante la infancia. Afinidad o espanto que no siempre podemos justificar porque hemos olvidado las razones que nos lo produjeron. ¡Así damos trabajo a los psicólogos! Ese bagaje emocional conforma nuestro instinto inexplicable, a veces certero, a veces resabiado, que busca protegernos y orientarnos más allá de las razones objetivas. Mecanismo que también opera con las personas, esos otros de los que, por encima de todo, sabemos cómo nos hacen sentir. La intensidad de las ganas que nos provocan solo se explica por la reacción que despiertan en nuestras emociones. Desde la adicción al rechazo pasando por la pereza más absoluta. Atraer es hacer sentir bien. Y es personal e intransferible, como el DNI, una huella dactilar que nos define y no encaja por igual en ningún otro. Olvidamos los datos, pero no las emociones.

miércoles, septiembre 16, 2026

viernes, septiembre 11, 2026

¡Ya te contaré!

Video: ¡Ya te contaré!

¡Ya te contaré! A falta de tiempo, ganas u oportunidad, apuntamos mentalmente contar más adelante, o callar, lo que ahora no es momento. El último giro laboral o desencuentro social pueden esperar tranquilamente a una mejor ocasión. Tanto da ahora que después, la información será la misma. ¿O no? Porque el momento influye en el valor y la carga emocional del mensaje. El valor. Un embarazo es noticia fresca hoy y vox populi mañana. Noticias de hoy que mañana no valen nada porque han sido superadas por las que vinieron después. Olvidamos lo que nos prometimos contar porque ha dejado de importar hasta para nosotros. Publicaciones abortadas que nos invitan a plantearnos la intrascendencia de lo que hacemos y decimos. Ese sobrepeso inútil que aplicamos a lo que mañana se habrá evaporado. El momento también define la carga emocional del mensaje. Compartir la angustia de un resultado médico que está por llegar o la emoción de unas vacaciones frescas en la memoria, cambia radicalmente cuando el suceso ha sido superado. El momento carga, o vacía de intensidad, aquello que se cuenta. Poca tensión narrativa tiene el desarrollo de un ligoteo cuando ya sabes cómo termina la cosa. Aplazar una historia la modifica. Y es ahí, en esa decisión de querer compartir las alegrías, preocupaciones y detalles domésticos donde se dibuja la confianza y complicidad. Hay a quien tiene sentido hacer partícipe del ahora mismo, y a quien basta con la crónica de teletipo de resumen de titulares. Vibrar en paralelo es compartir vida, lo demás, hemeroteca. Entre la retransmisión en directo de tu minuto a minuto y reducirte a los datos de una lápida se abre, para el compartir, todo un abanico de posibles frecuencias que definen las relaciones. Una caja de “Juegos reunidos” a elegir según los participantes. Con unos la ficha se comerá seis casillas, y con otros avanzará una por una. ¡Hagan juego señores!

sábado, septiembre 05, 2026

Bucle

Un oprimido con poder será un dictador que oprimirá a otros.

¡Lo quiero todo!

Video: ¡Lo quiero todo!

¡Lo quiero todo!. La camiseta verde y también la roja, me las llevo. Vacaciones tranquilas viendo muchas cosas. Un amigo que habla cuando te apetece y sabe callarse cuando te ha cansado. Salir de fiesta y terminarte el maratón de series. Dormir mucho y aprovechar el día a tope. Hacer siempre lo que quieres y que el mundo se acomode a tus deseos. Claro que sí, caminas y el decorado se va construyendo a tu paso tal y como lo habías imaginado, incluso aún mejor, adelantándose a lo que ni siquiera sabías que querías. ¡Despierta! Acaban de entrar por la puerta la física, la matemática, el tiempo y el espacio. Resulta que si tienes cien y la camiseta cuesta noventa, solo puedes comprar una. Va a ser que es incompatible dormir y estar despierto a la vez. Incluso algo muy loco… nuestra existencia física nos atrapa impidiéndonos estar en dos sitios a la vez. Imperdonable. Qué mal hechos estamos. ¡Multiverso, llévanos! ¡La realidad nos condena a elegir! El sistema, operando a través de los demás, nos inocula la idea de todo aquello que debe ser y, de no ser así, te regala la disonancia de lo que te estás perdiendo. ¡El FOMO! Hasta que te das cuenta que son infinitos los lugares donde no estás, las personas que jamás conocerás y las series que te perderás. Muchas de ellas, afortunadamente. La inmensidad de lo potencial te reubica en lo posible. El aquí, el ahora y la persona de al lado. Cuando aceptas lo que no puede ser empiezas a preguntarte qué quieres. Y eso, cuando elegir es una opción. No compramos la casa de nuestros sueños, ni tenemos nuestro trabajo ideal ni estamos con nuestra media naranja, que justo iba a nuestra clase, fíjate que suerte, siendo más de 7 mil millones. Son más los condicionantes que el margen real que tenemos para decidir. Crees que entre todos los coches del mundo has elegido el que querías y en realidad has pillado el modelo superior del que tiene tu compañero de mesa. Elegir te obliga a renunciar, a aceptar que todo no puede ser y entonces brota el temor a estar eligiendo mal. Qué bien nos vendría un navegador que calculara la mejor ruta posible, pero hasta él se equivoca porque no sabe que dos kilómetros más adelante acaban de atropellar a un jabalí. Decidir, cuando se puede, lo que crees mejor y olvidarte de las otras alternativas que ya no lo son, porque han muerto, erradica la disonancia hacia lo imposible. Y menos mal. Por cierto, que te queda genial la camiseta nueva, la que sí has comprado.


martes, septiembre 01, 2026

Cincuenta años

Video: Cincuenta años

¡50 años! Ayer soplabas treinta velas, te has liado limpiando la casa, organizando cuatro vacaciones y de repente te dicen que tienes 50. Resulta que ahora el cuerpo ha decidido ir a su bola, las canas son más numerosas que los pelos con melanina, y ya no te echan cuarenta… salvo en noches sin luna. O sea que queda menos por delante que por detrás según las estadísticas, el reloj está lanzando la arena hacia abajo con retroexcavadora, y hay que ir pensando si da tiempo a alcanzar el máximo de cotización para cobrar la pensión de jubilación. Olvídate, no llegas, más te vale conservar un buen fondo de armario atemporal para entonces. Hay que darse prisa, sacar la lista de cosas que hacer antes de morir, o escribirla si no estaba hecha, y empezar a tachar. Un momento. A ver, espera. Ganarme la vida profesionalmente… conseguido. Eso que parecía tan difícil, que a uno le pagaran por hacer algo que le sale bien, check. Querer y que te quieran, pero bien, de eso que te lo tienes que currar pero tampoco te has quedado con lo primero que pasaba por delante. Check. Cuatro paredes, con techo a poder ser. A ver… para terminar de pagar la hipoteca ya queda menos, check. Y cuando de dinero se trata, ahora sabes en qué merece la pena gastar y cuándo hay que tirar de marca blanca, orgullosamente además. Y has aprendido a aceptar que las cosas terminan. Las que te hubiera gustado que siguieran nadie te las va a poder quitar de dentro, se quedan contigo, y las otras, has sido tú quien las ha mandado lejos, sin peleas ni gritos porque no hace falta. Doblas la esquina y desaparecen de tu vista sin hacer ruido. La vida real no es una red social, ¡menos mal! Bueno, bueno, no hay que olvidarse del gran descubrimiento de que la trascendencia es una ficción, que pocas cosas importan realmente, que tomarse la vida a broma es la mejor manera de tomársela en serio. Ya no hay pudor para hablar con cualquiera, ser como eres y hacer lo que te apetece porque ya solo escuchas las longitudes de onda que tienen algún valor para ti. La presión por ser y llegar ha bajado muchos enteros porque ya eres y estás en un sitio, tu sitio, tu vida. Qué maravilla… a ver si va a ser esto eso que llaman felicidad y no nos hemos enterado. Y quedan un porrón de años por delante. Zorionak Mery!!! 

Mutua molestia

Somos ruido conspirador contra la calma ajena.