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El futuro no existe

"Sé que hoy no me va a pasar nada malo". Y se quedó tranquilo.
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Elefantes rosas

Si el universo y el hombre existen es porque Dios los ha creado. Una creación compleja no puede ser fruto de la casualidad, por tanto debe haber una entidad que ha tenido la intención y capacidad de construirla. 
Un café que se derrama sobre una alfombra dibujando un singular entramado es una bella casualidad creadora. Un óvulo y un espermatozoide concretos apareándose entre millones de combinaciones posibles para crear a Kate Moss o Picasso son increíbles casualidades creativas. Cuanto mayor sea el tiempo observado, mayor será el número de inauditas creaciones accidentales. Si la vida es la mayor de todas ellas... ¿Acaso disponer de todo el tiempo del mundo no provocará de manera inevitable todos los sucesos posibles? En el infinito la casualidad es algo normal. Los elefantes rosas ya han existido o existirán.

La música de las piedras

Si Dios escucha plegarias en todos los idiomas entiende toda forma de comunicación. Cualquier transmisión de información es un mensaje si hay un receptor que lo entienda. Abejas geolocalizando flores con su baile están comunicándose. Células reaccionando químicamente a través de enzimas y hormonas están llamándose en una permanente petición de colaboración. Átomos atrayéndose electrónicamente lanzan mensajes inertes para provocar respuestas físicas. Ondas magnéticas y ondas sonoras. Unas salen de piedras y otras de gargantas. Todas igual de importantes o insignificantes en la trascendencia. ¿Y si Dios prefiere la música de las piedras?