Somos ruido conspirador contra la calma ajena.
MAL DÍA
Trampa para pensamientos fugaces.
domingo, octubre 18, 2026
sábado, octubre 17, 2026
En África valoré tener grifo
Video: En África valoré tener grifo
En África valoré tener grifo, me dijeron. No es necesario carecer de algo para darle valor, respondí ganándome una mirada escéptica. Experimentar es la manera más directa de aprender y descubrir. ¡Enséñame el mar y no me cuentes cómo es! Una verdad que se ha impuesto hasta el extremo de invalidar cualquier opinión no basada en lo vivido. Cómo va a opinar sobre la crianza de los hijos alguien que no ha cambiado un pañal. Menuda desfachatez argumentar sobre las dificultades de encontrar pareja quien lleva treinta años de feliz relación. Jefes hablando de los problemas de los obreros, cuerpos saludables dando ponencias a enfermos. Hablar por hablar. No se puede opinar sobre lo que no has sufrido en tus carnes. Cómo se le ocurre a un psicólogo tratar una depresión que nunca ha tenido, a un médico diagnosticar un dolor que no ha padecido y a un escritor novelar una historia en Japón cuando lo más lejos que ha ido fue a París en un viaje de fin de estudios. Es que… así va el mundo. Ignorantes a los que no les gustan películas que no han visto y que desprecian manjares que jamás se han llevado a la boca. Si no lo has vivido, cállate. Cada uno solo puede hablar de lo que le ha pasado, debe limitarse a un monólogo sobre sí mismo y punto. La especialización productivista solo nos hace válidos para lo nuestro. Todo lo demás son opiniones de contertulios que no saben de lo que hablan. ¡Cállate, que tú de esto no sabes nada! Si algo nos distingue de los animales es nuestra capacidad de abstracción, de aprender sin experimentar. Leyendo, viendo y, sobre todo, escuchando. Porque lo vivido por otros se puede transmitir e incorporar como una experiencia personal. Información que recibimos, analizamos y procesamos para construir nuestra visión del mundo y nuestra opinión. Unos construyen edificios sólidos y otros improvisan chabolas con cuatro maderas llamativas. Se puede no haber salido de un pueblo y ser más sabio que un mochilero cosmopolita. El día que se cortó el
agua en la comunidad pudiste darte cuenta de lo dependientes que somos de ella sin tener que viajar a Mali.
miércoles, octubre 14, 2026
sábado, octubre 10, 2026
El trabajo es una pérdida de tiempo
Video: Trabajar es una pérdida de tiempo
- ¡El trabajo es una pérdida de tiempo!
- ¿Crees que no te sirve para nada trabajar?
- Sí, claro… trabajo por el sueldo y nada más
- Entonces es un tiempo bien empleado porque necesitas el dinero ¿no?
- Ya… pero son unas horas intrascendentes, no sirven para nada.
- Algo harás
- Lo que hago yo lo puede hacer cualquier otro… el mundo no se va a venir abajo sin mí
- Entonces, ¿cómo te sentirías mejor?
- Haciendo cosas que importan… cultivando comida o construyendo casas… o curando gente.
- Al principio las cosas eran así…
- ¿A qué te refieres?
- Cada uno se cazaba su comida, recolectaba sus frutos, se las apañaba para hacerse un abrigo y se buscaba refugio como podía…
- Hablas de la prehistoria, cuando no había nada… pero ahora no hace falta todo eso.
- No hace falta porque cuando nos agrupamos, en lugar de hacer cada uno lo suyo, las tareas se repartieron… unos cazaban, otros cocinaban y, si tenías una indigestión, el chamán te daba unas hierbas.
- Eso era entonces, ahora las cosas no son así…
- Son exactamente iguales pero más complejas… uno arregla neveras y otros hacen programas de televisión. Un reparto de tareas a las que se les da un valor de intercambio: ¡el dinero! para acceder a lo que hacen los demás.
- Lo que yo hago no aporta nada…
- Si fuera así, no te pagarían.
- Cuesta imaginar que limpiando wáteres se me está llenando la nevera.
- O que cada día vigilando una puerta llenas el depósito del coche.
- Esa distancia entre el trabajo y el resultado es desmotivadora…
- O encuentras un trabajo que te estimule o te concentras en el sueldo.
- Unos ganan mucho sin sudar y otros nos partimos la espalda por una miseria.
- Que el valor que se da a cada actividad sea justo… es otro debate.
- A los trabajadores nadie nos pregunta cuánto queremos cobrar.
- Vivimos un tiempo de poder inmaterial, cada vez más alejado del valor real.
- Ya, pero cuando las cosas se ponen feas… todos queremos comida y médicos. ¡Y qué pronto se olvidan!
- Aun así, ¿crees que deberías tener techo, móvil y medicinas sin trabajar?
- No estaría mal…
- ¿Y quién crees que estaría trabajando para que tú lo tuvieras sin mover un dedo?
- Alguien que considera que trabajar es una pérdida de tiempo.
- Oye, ¿quién paga esta ronda de cervezas?
- Tú, que estoy mirando ofertas de empleo.
sábado, octubre 03, 2026
Comer es una pérdida de tiempo
Video: Comer es una pérdida de tiempo
Comer es una pérdida de tiempo, sería mejor tomar una pastilla y listo. Así lo proclamó una profesora durante su clase de historia. Y es que bastante tiempo perdemos ya durmiendo como para seguir desperdiciándolo en echar gasolina al cuerpo. Comprar, cocinar, comer y lavarlo todo. Meses enteros de nuestra vida que se van repostando combustible. Ya puestos, también debería suprimirse toda acción relacionada con la higiene… lavarse los dientes, ducharse, ¡ir al baño!, la de tiempo que nos roba el estreñimiento, por no hablar del skincare. Civilizaciones enteras podrían nacer y caer en el tiempo que pasamos rebozándonos en cremas y ungüentos. Si el horno tiene posición de autolimpiado también deberíamos tenerla nosotros, una autogestión higiénica instalada de fábrica que trabaja mientras estamos a otras cosas. Eso,si no nos lo impiden otros ladrones de tiempo como las colas. Tiempo muerto en paradas, aeropuertos, ventanillas y salitas de espera. Se acabó, hay que instaurar la cita previa universal, ¡hombre ya! De hecho, la burocracia debería solventarse con una huella dactilar. Ojo, no podemos olvidarnos de los mayores estafadores de nuestro escaso tiempo vital: los desplazamientos. Tiempo perdido en trasladar el cuerpo de un lugar a otro. De eso nada, que sea el exterior el que venga a nosotros si quiere algo. ¿Y elegir? Esas horas muertas buscando la prenda ideal que encaje en contexto y emocionalidad… ¡a la cárcel!. Que las series, libros, ropa y muebles se decidan por un criterio lógico y objetivo que seguro que se puede programar para liberar nuestro tiempo mental. Semanas, meses y años que ganamos para dedicar a lo que realmente importa. La acción, el suceso, el conocimiento, la experiencia real. Ese paisaje, ese poema, esa conversación, ese orgasmo. Nuestra vida debe dedicarse solo a lo esencial que le da sentido. Un tiempo vital que debemos rentabilizar y explotar al máximo. Una carrera por la intensidad combatiendo el horror al vacío. Solo suceso. Solo acción. Una cadena de highlights que nos han dicho que es lo que renta. La calma, el silencio, la contemplación o la reflexión no son fotografiables. No son vida. Es tiempo no vivido. Y nos lo hemos creído. (Suspiro) Nos empeñamos en ganar tiempo que luego solo sabemos dedicar a hacer scroll.
viernes, octubre 02, 2026
jueves, octubre 01, 2026
Los festivos están anticuados
Video: Los festivos están anticuados
¡Los festivos están anticuados! Si el IPC se actualiza cada año y elegimos presidente cada cuatro, ¿por qué los festivos se airean menos que el frasco de cardamomo del fondo del armario? Más de dos mil años tienen algunos de ellos, otros más recientes conmemoran el descubrimiento de América y el día del trabajo… ¡Y no ha llovido nada! La mayoría se los debemos a Jesús y sus fans, que vale que en su época no había redes sociales, pero si metieran una copia de “El código da Vinci” en cada hotel ahora estaríamos celebrando el nacimiento de Dan Brown. Que no es por quitarle mérito a Cristo, pero si las aplicaciones del móvil se actualizan cada dos días, digo yo que podríamos someter a votación las razones para cogernos un día de fiesta. Porque mira que han pasado cosas más significativas en nuestra vida que aquel parto en un pesebre. Ahí está el final de la dictadura, la vuelta de las mascarillas a los armarios, el día que Penélope y Bardem se conocieron y empezaron a ganar Óscars o el primer
político que finalmente terminó en la cárcel por corrupto. Y si hablamos de personajes, tenemos venidas al mundo con más estrella que la del hijo del carpintero… ahí están Chiquito de Calzada o Raffaella Carrá que gustan a todo el mundo como las croquetas. Imaginaros los festejos oficiales chiquistaníes o las cabalgatas Carrá… ¡quién necesita tres reyes teniendo una reina! Y es que cada generación tiene sus venidas al mundo que celebrar, cada 25 años deberían votarse. Y si no hay consenso, festivos rotatorios, como los presidentes de comunidad. Los días marcados en rojo han hecho de la religión lo que es, ese pan recién horneado encima de la mesa al que nadie se resiste aunque esté a dieta. Comulgamos con esa hogaza que viene envuelta en un día libre. ¡Quién se resiste a un currusco sin despertador! Para unos lleva la carne de Cristo, para otros solo harina, agua y sal. Pero todos compartimos la sensación de que pertenecemos a algo más que nosotros mismos, aquí, allá o en nuestro corazón. ¡Y eso hay que celebrarlo! Ya lo cantaba Raffaella… Fiesta, qué fantástica, fantástica
está fiesta. El motivo, pónselo tú.
martes, septiembre 29, 2026
lunes, septiembre 28, 2026
domingo, septiembre 27, 2026
sábado, septiembre 26, 2026
Ya lo cambiaré
Video: ¡Ya lo cambiaré!
¡Ya lo cambiaré! Es lo que pensó mi abuela cuando conoció a mi abuelo. Las personas son arcilla en nuestras manos y podemos moldearlas para que se adapten a lo que nos viene bien. Podemos hacer del impuntual un obseso del reloj, del olvidadizo un tipo atento, del egoísta un dechado de generosidad… está chupado. Basta con utilizar alguna de las reglas mágicas ancestrales: el reproche o la amenaza. Nada mejor que un buen ultimátum bomba para arreglar las cosas. Y si te ves capaz, puedes optar por aplicar una herramienta estratégica de alta tecnología: la manipulación. Conseguir el cambio haciéndole creer que ha sido idea suya y por su bien. ¡Qué fácil es hacer que los otros cambien sin necesidad de hacerlo uno! Creo que tienen que estar a punto de sacar el cursillo de autoayuda para autoayudar a los demás. Se advierte que esta infalible metodología funciona como los insecticidas: Los “cambiados” callan, desconfían, huyen y desaparecen. Si se van es porque no te merecían. Y oye, qué maravilla es tener la razón aunque te quedes solo. Cuando intentar cambiar a los demás no funciona, lo que te queda es cambiar a ti. Porque sí, podemos cambiar. Empezamos viendo la vida en blanco y negro como Barricada, pero aprendemos a distinguir la variedad de grises hasta darnos cuenta de que la paleta es tan amplia como la del color. De repente un día descubres que el reproche por sistema genera rechazo, hablando claro, tú generas rechazo. Es mejor echarle ingenio y buscar alternativas viables a los desencuentros, y si no las hay, o no son satisfactorias para ambas partes, asumir que lo deseable no es posible. Porque nadie puede dar más de lo que es capaz de dar. No somos iguales. No podemos interpretar al otro solo en base a nosotros mismos. El peso de cada palabra y acción es diferente según de quién provenga. Hay que entender los ingredientes del complejo cóctel que tenemos delante para ser justos, y a partir de ahí decidir si compartimos barra de bar o seguimos de ronda por la ciudad. ¡Ah! Por si alguien se ha quedado con la duda, mi abuela no consiguió cambiar a mi
abuelo.
sábado, septiembre 19, 2026
Solo sé que me encantó
Video: Solo sé que me encantó
Solo sé que me encantó. Esa película de la que no recuerdas el argumento pero sí la sensación que te dejó verla. No sabes si la fotografía era de óscar ni si el argumento tenía agujeros, solo estás seguro del buen rato que pasaste. Porque por encima de las razones técnico-artísticas para juzgar lo que has visto, está el impacto que ha tenido en tus emociones. Y la memoria emocional arraiga con más fuerza en nuestro cerebro que la otra, la de los datos y argumentos. Las emociones van directas a ese rincón del cerebro que de manera instintiva nos dice a qué acercarnos y de qué salir corriendo. Así, cualquier mala experiencia tiñe de negro nuestra relación con un alimento inocuo, como esas lentejas que no puedes ni ver, a pesar de que te flipan las alubias. O nos encanta un rincón, anodino a otros ojos, porque fue escenario de juegos y confidencias durante la infancia. Afinidad o espanto que no siempre podemos justificar porque hemos olvidado las razones que nos lo produjeron. ¡Así damos trabajo a los psicólogos! Ese bagaje emocional conforma nuestro instinto inexplicable, a veces certero, a veces resabiado, que busca protegernos y orientarnos más allá de las razones objetivas. Mecanismo que también opera con las personas, esos otros de los que, por encima de todo, sabemos cómo nos hacen sentir. La intensidad de las ganas que nos provocan solo se explica por la reacción que despiertan en nuestras emociones. Desde la adicción al rechazo pasando por la pereza más absoluta. Atraer es hacer sentir bien. Y es personal e intransferible, como el DNI, una huella dactilar que nos define y no encaja por igual en ningún otro. Olvidamos los datos, pero no las emociones.
viernes, septiembre 18, 2026
miércoles, septiembre 16, 2026
domingo, septiembre 13, 2026
sábado, septiembre 12, 2026
viernes, septiembre 11, 2026
¡Ya te contaré!
Video: ¡Ya te contaré!
¡Ya te contaré! A falta de tiempo, ganas u oportunidad, apuntamos mentalmente contar más adelante, o callar, lo que ahora no es momento. El último giro laboral o desencuentro social pueden esperar tranquilamente a una mejor ocasión. Tanto da ahora que después, la información será la misma. ¿O no? Porque el momento influye en el valor y la carga emocional del mensaje. El valor. Un embarazo es noticia fresca hoy y vox populi mañana. Noticias de hoy que mañana no valen nada porque han sido superadas por las que vinieron después. Olvidamos lo que nos prometimos contar porque ha dejado de importar hasta para nosotros. Publicaciones abortadas que nos invitan a plantearnos la intrascendencia de lo que hacemos y decimos. Ese sobrepeso inútil que aplicamos a lo que mañana se habrá evaporado. El momento también define la carga emocional del mensaje. Compartir la angustia de un resultado médico que está por llegar o la emoción de unas vacaciones frescas en la memoria, cambia radicalmente cuando el suceso ha sido superado. El momento carga, o vacía de intensidad, aquello que se cuenta. Poca tensión narrativa tiene el desarrollo de un ligoteo cuando ya sabes cómo termina la cosa. Aplazar una historia la modifica. Y es ahí, en esa decisión de querer compartir las alegrías, preocupaciones y detalles domésticos donde se dibuja la confianza y complicidad. Hay a quien tiene sentido hacer partícipe del ahora mismo, y a quien basta con la crónica de teletipo de resumen de titulares. Vibrar en paralelo es compartir vida, lo demás, hemeroteca. Entre la retransmisión en directo de tu minuto a minuto y reducirte a los datos de una lápida se abre, para el compartir, todo un abanico de posibles frecuencias que definen las relaciones. Una caja de “Juegos reunidos” a elegir según los participantes. Con unos la ficha se comerá seis casillas, y con otros avanzará una por una. ¡Hagan juego señores!
martes, septiembre 08, 2026
lunes, septiembre 07, 2026
sábado, septiembre 05, 2026
¡Lo quiero todo!
Video: ¡Lo quiero todo!
¡Lo quiero todo!. La camiseta verde y también la roja, me las llevo. Vacaciones tranquilas viendo muchas cosas. Un amigo que habla cuando te apetece y sabe callarse cuando te ha cansado. Salir de fiesta y terminarte el maratón de series. Dormir mucho y aprovechar el día a tope. Hacer siempre lo que quieres y que el mundo se acomode a tus deseos. Claro que sí, caminas y el decorado se va construyendo a tu paso tal y como lo habías imaginado, incluso aún mejor, adelantándose a lo que ni siquiera sabías que querías. ¡Despierta! Acaban de entrar por la puerta la física, la matemática, el tiempo y el espacio. Resulta que si tienes cien y la camiseta cuesta noventa, solo puedes comprar una. Va a ser que es incompatible dormir y estar despierto a la vez. Incluso algo muy loco… nuestra existencia física nos atrapa impidiéndonos estar en dos sitios a la vez. Imperdonable. Qué mal hechos estamos. ¡Multiverso, llévanos! ¡La realidad nos condena a elegir! El sistema, operando a través de los demás, nos inocula la idea de todo aquello que debe ser y, de no ser así, te regala la disonancia de lo que te estás perdiendo. ¡El FOMO! Hasta que te das cuenta que son infinitos los lugares donde no estás, las personas que jamás conocerás y las series que te perderás. Muchas de ellas, afortunadamente. La inmensidad de lo potencial te reubica en lo posible. El aquí, el ahora y la persona de al lado. Cuando aceptas lo que no puede ser empiezas a preguntarte qué quieres. Y eso, cuando elegir es una opción. No compramos la casa de nuestros sueños, ni tenemos nuestro trabajo ideal ni estamos con nuestra media naranja, que justo iba a nuestra clase, fíjate que suerte, siendo más de 7 mil millones. Son más los condicionantes que el margen real que tenemos para decidir. Crees que entre todos los coches del mundo has elegido el que querías y en realidad has pillado el modelo superior del que tiene tu compañero de mesa. Elegir te obliga a renunciar, a aceptar que todo no puede ser y entonces brota el temor a estar eligiendo mal. Qué bien nos vendría un navegador que calculara la mejor ruta posible, pero hasta él se equivoca porque no sabe que dos kilómetros más adelante acaban de atropellar a un jabalí. Decidir, cuando se puede, lo que crees mejor y olvidarte de las otras alternativas que ya no lo son, porque han muerto, erradica la disonancia hacia lo imposible. Y menos mal. Por cierto, que te queda genial la camiseta nueva, la que sí has comprado.
martes, septiembre 01, 2026
Cincuenta años
Video: Cincuenta años
¡50 años! Ayer soplabas treinta velas, te has liado limpiando la casa, organizando cuatro vacaciones y de repente te dicen que tienes 50. Resulta que ahora el cuerpo ha decidido ir a su bola, las canas son más numerosas que los pelos con melanina, y ya no te echan cuarenta… salvo en noches sin luna. O sea que queda menos por delante que por detrás según las estadísticas, el reloj está lanzando la arena hacia abajo con retroexcavadora, y hay que ir pensando si da tiempo a alcanzar el máximo de cotización para cobrar la pensión de jubilación. Olvídate, no llegas, más te vale conservar un buen fondo de armario atemporal para entonces. Hay que darse prisa, sacar la lista de cosas que hacer antes de morir, o escribirla si no estaba hecha, y empezar a tachar. Un momento. A ver, espera. Ganarme la vida profesionalmente… conseguido. Eso que parecía tan difícil, que a uno le pagaran por hacer algo que le sale bien, check. Querer y que te quieran, pero bien, de eso que te lo tienes que currar pero tampoco te has quedado con lo primero que pasaba por delante. Check. Cuatro paredes, con techo a poder ser. A ver… para terminar de pagar la hipoteca ya queda menos, check. Y cuando de dinero se trata, ahora sabes en qué merece la pena gastar y cuándo hay que tirar de marca blanca, orgullosamente además. Y has aprendido a aceptar que las cosas terminan. Las que te hubiera gustado que siguieran nadie te las va a poder quitar de dentro, se quedan contigo, y las otras, has sido tú quien las ha mandado lejos, sin peleas ni gritos porque no hace falta. Doblas la esquina y desaparecen de tu vista sin hacer ruido. La vida real no es una red social, ¡menos mal! Bueno, bueno, no hay que olvidarse del gran descubrimiento de que la trascendencia es una ficción, que pocas cosas importan realmente, que tomarse la vida a broma es la mejor manera de tomársela en serio. Ya no hay pudor para hablar con cualquiera, ser como eres y hacer lo que te apetece porque ya solo escuchas las longitudes de onda que tienen algún valor para ti. La presión por ser y llegar ha bajado muchos enteros porque ya eres y estás en un sitio, tu sitio, tu vida. Qué maravilla… a ver si va a ser esto eso que llaman felicidad y no nos hemos enterado. Y quedan un porrón de años por delante. Zorionak Mery!!!
sábado, agosto 29, 2026
No sabemos cuánto no sabemos
Video: No sabemos cuánto no sabemos
No sabemos cuánto no sabemos. En materia de conocimiento humano somos conscientes de que por cada libro leído, existen bibliotecas enteras que pasaremos de largo. Por cada persona conocida, millones de desconocidos. Por cada bar visitado, miles a los que jamás entraremos. El universo ignorado está a la vuelta de la esquina. Esa es la parte visible, pero son muchas las
cosas silenciosas que nos tocan directamente mientras estamos sumidos en la más absoluta ignorancia. Nuestro sistema inmunológico está devorando una célula cancerosa que de haberse escapado cambiaría nuestra vida radicalmente. Y lo está haciendo mientras te tomas el café de la mañana ajeno a los doctores que llevas dentro. Los reflejos de un conductor te han librado de ser atropellado una de tantas veces que cruzas en rojo y olvidas acto seguido. ¡Campanas mudas que nos salvan! Una reunión en un despacho entre desconocidos pacta la puesta en marcha de un negocio del que te llamarán para trabajar. Alguien dará tu nombre y quizás nunca sepas que te recomendó. Un desconocido está decidiendo subir el precio de la cerveza que te tomarás mañana y una pareja que rompe pone a la venta el piso que acabarás comprando mientras esperas al autobús, ignorante de que tu futuro hogar te está esperando. ¡Conexiones invisibles determinantes! Conocimientos, acontecimientos y mecanismos que operan en la sombra. Y luego están los sentimientos que jamás conoceremos. El comentario que hicimos y molestó de una manera insospechada a quien teníamos cerca. Y calló. Las expectativas ajenas que no cumplimos y decepcionaron sin despertar sospechas. El afecto tímido o mal expresado que alguien nos tiene y se camufla como simple cortesía o simpatía. La admiración prudente, el odio educado, el duelo desconocido por un adiós. Lo que no se dice pero se siente, lo que se ha hecho sin buscar reconocimiento, el desvelo protector y la lágrima solitaria. Un vendaval invisible que nos rodea, un vendaval que mueve y empuja sin ser visto mientras creemos saberlo todo y conocer a todos. Es muy posible que ahora mismo haya alguien pensando en ti y no lo sepas. Los tinteros están llenos de palabras no dichas, las bonitas al menos merecerían ser escritas.
viernes, agosto 28, 2026
viernes, agosto 21, 2026
Tienes que verlo antes de morir
Video: Tienes que verlo antes de morir
“Tienes que verlo antes de morir”. Las películas imprescindibles de la historia del cine, los clásicos universales de la literatura y los rincones del planeta que hay que visitar. Álbumes de cromos que completar a lo largo de una vida para sentirla plena y vivida. Listas predefinidas que los grandes sabios han decidido que debemos completar. Las lecciones que aprender no acaban cuando te gradúas, no señor, después de las placas tectónicas y las integrales, tienes que verte “El Padrino” y leer “El guardián entre el centeno”. Un bagaje que nos conecta con el mínimo conocimiento común como seres humanos. Listas que dicen lo que sí, y lo que no importa tanto. Listas que nacen como guía que desbroza la jungla de opciones y, si no ves más allá, terminan convirtiéndose en autopistas asfaltadas que imponen por dónde hay que ir. Una lista es un magnífico punto de arranque cuando no ves hacia dónde dar el primer paso, una orientación, una sugerencia… y a partir de ahí cada uno debe dibujar su propio camino, descubrir qué canción era la 41 de la lista y qué pueblo significa algo solo para ti. Delegar en otros, desconocidas mentes y algoritmos, todas nuestras elecciones globaliza nuestras experiencias hasta hacernos intercambiables en cualquier charla superficial en la terraza de moda. Lo común nos une, lo diferencial nos identifica y nos permite ser exploradores que toman diferentes caminos y se reencuentran para contarse qué han visto más allá del final de las listas. Mola cantar juntos la misma canción en un karaoke y también compartirse un tema que no ha pasado de las mil reproducciones. La mejor lupa está aquí (señalar la cabeza)
sábado, agosto 15, 2026
Nuevo consejo saludable
Video: Nuevo consejo saludable
¡Nuevo consejo saludable! Pon más proteínas en tu dieta, sin olvidarte del brécol, la col kale y las semillas de chía que son un superalimento. Añádele salmón por el omega3 y aguacate que tiene grasa de la buena. Si algo lleva las palabras grasa y buena, hay que agarrarlo con fuerza, que es más inusual que un eclipse. También están los probióticos para que vaya bien toda la cosa del intestino… yogur, kimchi, chucrut… ¿a quién le gusta el chucrut? Bueno, da lo mismo, si hay que comerlo, se come. Y la kombucha, que mira, es probiótico y se bebe, y beber también hay que beber mucho, agua, electrolitos y kéfir. ¿Y cómo me lo bebo todo sin pasarme el día meando? Lo junto en un kombukéfir de dos litros y pálante. ¡Ah! Y el café, que es bueno para el corazón hoy, pero mañana malo para la tensión, pero de nuevo bueno si estás bien de salud. Bien no, estoy como un tiro con todo lo que tomo. Lo mejor va a ser hacer cinco comidas al día para que me de tiempo de comerlo todo, no sea que me deje algún nutriente. Bueno, para eso están los suplementos en pastillas multicolores. ¿Y cómo hago el ayuno intermitente comiendo cinco veces al día? Tendré que apretarlas en doce horas y comer cada dos. No sé si me voy a acordar de todo ¡Menudo estrés! Cuidado que el estrés no es bueno y me voy a cargar todo el chiringuito. Bah, esto se soluciona tomando ashwagandha y si tengo problemas para dormir pensando en este tetris saludable, una gominola de melatonina. Ostras, ¿y cuándo hago ejercicio? Tengo que hacer de fuerza y aeróbico, no puedo bajar la guardia. Decidido, voy a dejar de trabajar. Cuidarse es un trabajo de jornada completa. Y el poco tiempo que queda hay que dedicarlo a seguir los consejos para cuidar tu casa y tu coche, protegerlos, tener una vida de pareja sana y la mejor relación con tus compañeros de trabajo. Bueno, esa parte me la ahorro porque tengo que dejar de trabajar. ¿Y de dónde saco la pasta? Tendré que seguir los consejos de inversión en bitcoins para permitirme ser una persona saludable que sigue todas las recomendaciones que me dan cada día, ese precioso manual de instrucciones para tener una vida perfecta y mirarme al espejo con orgullo. Y si algo me va mal, la culpa será mía por haberme saltado alguna recomendación o advertencia en letra pequeña. Mi salud y bienestar están completamente en mis manos. Soy responsable de mi felicidad. Y si no la consigo, me tomo una pastillita y listo. Menudo gol nos han metido.
miércoles, agosto 12, 2026
¿Eres especial?
Video: ¿Eres especial?
¿Eres especial? Especial es el plato fuera de carta. El artista invitado en concierto ajeno. Los fuegos con colores y formas diferentes a los de una hoguera. La aparición estelar de un famoso haciendo un cameo inesperado. Especial es lo que se sale de la norma, lo inhabitual. Positivamente extraordinario, porque cuando la rareza viene teñida de mala vibra la llamamos mala suerte, marrón o putada. Especial podría ser todo aquel que marca una diferencia y alcanza una relevancia sobre sus semejantes. Picasso, Elvis o Ferran Adrià. Pero hay quien no siente nada ante el cubismo, el rock de los 50 o la alta cocina, por tanto la excelencia no garantiza ser especial para todos. Ahí están el encantador que te parece superficial, el divertido con quien no conectas o el atractivo que ves desposeído de morbo alguno. Ser especial es subjetivo, íntimo, vinculado a lo que te hace sentir. Una persona especial brilla entre la multitud ante tus ojos aunque nadie más pueda verla. Nadie es especial por sí mismo, lo es para otra persona. Esa persona que te hace sentir especial porque te mira distinto. Especial se conjuga en plural. Última camiseta sin mangas, volvemos a las... normales.
martes, agosto 11, 2026
viernes, agosto 07, 2026
¿Qué quieres?
¿Qué quieres?
¿Qué quieres? Montones de cosas. Un trabajo genial en el que trabaje poco y cobre mucho. Un casoplón con jardín y piscina. No, mejor dos. Uno en el centro de la ciudad y el de la piscina en algún sitio más tranquilo. Una pareja guapa e inteligente que me quiera y a quien querer. Dinero en el banco para no tener que pensar en él. Amigos con los que compartir intimidad y diversión, de esos que están dispuestos a todo, siempre de buen humor y que nunca te vienen con enfados ni reproches. ¿Qué más? Un físico envidiable, éxito profesional, buen gusto para vestir y cocinar, o mejor a alguien que lo haga por mí ¿Estás seguro de que todo eso es lo que realmente quieres o la programación que te dice qué tienes que desear? Porque igual lo tuyo no es vivir en pareja, ni estar pendiente de cómo invertir tus millones para pagar menos impuestos. A lo mejor lo que te gusta es el mar y no el cloro piscinero. Incluso puede que te produzca desapego tener una corte de palmeros y lo que quieres es un buen amigo al que importar de verdad, aunque a veces te diga cosas que preferirías no escuchar. Quién sabe si aborreces ese trabajo que tanto éxito te ha dado, empezaste porque tocaba y luego ya no supiste bajarte del tren. O estás cansado de tener que comprar ropa y como más cómodo te sientes es con la camiseta vieja que tiene agujeros en el dobladillo. Pero no dices nada. No haces nada porque parecería caprichoso no valorar lo que tienes. O quieres evitar la incomprensión del ojo ajeno. ¿Y si lo que quieres es inalcanzable? (Lo que nos pasa a todos, vaya) ¡Nos subimos al tren de la frustración permanente! ¡Venga, hay sitio para todos! Es el ferrocarril de los infinitos vagones. A menos que recalcules ruta para llegar a otro destino deseable. Porque no solo nos podemos bañar en la playa de moda, hay muchas más a lo largo de la costa ¿Realmente te has preguntado qué quieres? Descubrir qué te hace sentir bien, a quién quieres, qué te mueve y te divierte debería ser un ejercicio permanente como caminar una hora al día. Saber qué se quiere requiere escucharse, dejar que las sensaciones hablen por encima del pensamiento, y una vez atrapadas, mirarlas cara a cara, y decidir si te merece la pena cultivarlas o no. Y si un impulso te arrebata, agárrate a él como naúfrago a un salvavidas. Si algo te hace sentir bien y no hace daño a nadie, embotéllalo.
lunes, agosto 03, 2026
La sombra es pá mí
Donde dijiste, allí fui
Lo que pediste, comí
En la terraza, lo siento,
La sombra es pá mí
domingo, agosto 02, 2026
viernes, julio 31, 2026
Deja de compararte
Video: ¡Deja de comprarte!
¡Deja de compararte!, me dice un amigo. ¿Cómo? ¡Sin referente con el que evaluar estamos ciegos! ¿Cómo vamos a saber si somos altos o bajos sin otro tipo al lado? Tenemos el dato, la estatura, pero no el adjetivo, alto o bajo. El importe de la nómina es una información sólida, pero si fuera el único sueldo del mundo no sabríamos si es un pastizal o una miseria. Los adjetivos empiezan a difuminarse cuando a la semántica le prohíben usar oraciones
comparativas. ¡Qué verde era mi valle! Habría que verlo, lo mismo era un secarral comparado con una selva amazónica. Como niños tuertos caminaríamos por un mundo sin los dos grandes dictadores de nuestra existencia: la media, también conocida como “lo normal”, y lo admirable. Todo lo que se sale de la media se mira con recelo a menos que sea admirable. Lo normal es el salvavidas de referencia para juzgar y quedarnos tranquilos. Ser como todos te permite ser una pieza bien encajada en el puzle. Curiosamente, la definición de lo normal cambia, así que una misma pieza puede ser normal o anormal según donde caiga, en el espacio o en el tiempo. Un blanco en Europa, normal, en Senegal, anormal. Una mujer votando en el siglo XXI, normal, en el siglo XIX, anormal. La totémica normalidad no es de fiar. Está grabada en arena pero pesa como si lo estuviera en piedra. La anormalidad solo se salva si es admirable, si está de moda, si es atractiva, escasa y aspiracional. O sea que la anormalidad tiene que saber venderse para colársela a la dictadora norma, y los ricos y poderosos son los que mejor la manipulan. Porque los no ricos viven deseando serlo o aparentarlo. ¡Y nos la cuelan! Ahí están los pijamas de calle de los cantantes urbanos. Si pudiéramos liberarnos de la comparación externa, solo nos quedaría compararnos con nosotros mismos, con cómo estábamos, nos veíamos, o nos sentíamos antes respecto a ahora. Tu trabajo actual será bueno si es mejor que el anterior o tesentirás tranquilo si has conseguido superar una etapa de ansiedad. Seríamos nuestra medida, nuestro metro, nuestro kilogramo. Mola, ¿eh? Nos convertiríamos en la principal medida de bienestar y es, precisamente, de la que nos solemos olvidar. No sé… creo que esta columna no me ha quedado TAN BIEN como otras.
martes, julio 28, 2026
sábado, julio 25, 2026
¡Que se vayan los turistas!
Video: Que se vayan los turistas!
¡Que se vayan los turistas! Esos grupos que se arrastran detrás de un guía con paraguas en alto taponando las calles por las que paseamos tranquilamente el resto del año. Esas colas en todas partes que te hacen sentir como un fan de Rosalía acampado eternamente a las puertas de un estadio. Esos locales tradicionales que se han visto arrollados por el capital que los transforma en parques temáticos para turistas. Ya no son lo que eran sino lo que los turistas esperan que sean. La expectativa modifica la realidad. Aparcamientos siempre llenos, consumiciones por las nubes y hoteles a precio de oro. Tu tía Puri ya no viene a pasar unos días a la pensión de toda la vida porque se tendría que dejar su propia pensión en poder pagarla. Camas de siempre, ahora, para bolsillos más llenos. Turistas que sin saberlo arrinconan al local con su tsunami modificador que los condena a buscar refugio en los lugares cada vez más escasos que aún sobreviven a sus tentáculos. Esos que desaparecerán el día que una guía turística los mencione como “rincones secretos auténticos”, y que serán modificados con la mirada ajena, pura mecánica cuántica. ¡Váyanse ya, hombre! Necesitamos un descanso de todos ustedes. Necesitamos vacaciones lejos de aquí. Necesitamos ser turistas en tierra extraña. Estamos deseando hacer colas, comer los platos típicos y encontrar rincones secretos… en otra ciudad diferente a la nuestra. ¡Anda! Nosotros aquí, somos ellos allí. ¡Pero no es lo mismo! Sí, es lo mismo. El sistema alimenta nuestro deseo de experiencias como sinónimo de “estar aprovechando la vida”, y turistear se encuentra en el top instagrameable. Creado el anhelo de explorador pret-a-porter, arranca el motor del dinero para explotar nuestro deseo implantado. Hacer negocio del visitante interesa a servicios y alojamientos, así como a instituciones que ven aumentar sus ingresos con tasas e impuestos a emprendedores y consumidores. Cuantos más mejor, así la rueda gira más y más rápido haciendo más eficaz la entrada de dinero. Publicidad y boca a boca construyen las modas, los destinos “a los que hay que ir”, adaptando las ciudades al modelo de negocio. Todos interpretamos nuestro papel dentro del teatrillo del turismo. Somos la plaga que arrasa por donde pasa y luego se queja de que no queda hierba fresca donde alimentarse. ¿Y cómo se para esto? El sistema solo se aparta cuando baja la rentabilidad. Y, de momento, somos rentables. Os dejo, que tengo que pillar un vuelo.
viernes, julio 24, 2026
jueves, julio 23, 2026
miércoles, julio 22, 2026
sábado, julio 18, 2026
Comprar para ahorrar
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Comprar para ahorrar. Rastrear tiendas, páginas web y aplicaciones de segunda mano para encontrar los mejores chollos y comprarlos. ¡Mira qué barato está! Si algo está a un precio escandalosamente menor del habitual es de idiotas no comprarlo. Un precio bajo está gritando: cómprame y habrás sido un mejor cazador que todos los demás que no han llegado a tiempo. Si la garrafa de cinco litros de aceite está dos euros más barato que en tu supermercado de confianza, no seas tonto, compra diez y pavimenta el suelo de tu casa con garrafas que simbolizan el ahorro. Tienen fecha de consumo preferente, no de caducidad. Perderán cualidades organolépticas, pero servirán para freír igualmente. ¡Qué maravilla tener despensas llenas de suavizantes de hace dos años y turrones de las pasadas navidades! Ya no se cuelgan cabezas de jabalí ni de ciervo en las paredes, sino zapatillas deportivas con mil combinaciones de colores en las estanterías. Cada una de ellas te recuerda el safari ahorrador en el que invertiste unas horas de tu vida. Olvídate de tener que decidir qué quieres o qué necesitas y déjate guiar por los precios, ellos son el faro guía de todo buen ahorrador que cuanto más gasta, más ahorra. Viajar donde el vuelo más barato te lleve, comer en el restaurante con el menú de precio más bajo, y lucir el vestido del color que quedaba en la sección de saldos. El precio más bajo como Dios de la cruzada del ahorro. Y morir con la casa llena de cosas que jamás tuviste tiempo de comer, vestir o enchufar. Ese es el gran éxito del ahorrador que gastó todo lo que pudo. Jamás se preguntó si necesitaba lo que compraba, ¡por supuesto que lo necesitaba! El subidón de saber que había localizado la anomalía del sistema, la oportunidad de oro de hacerse con algo que valía más que lo que estaba pagando, era más que suficiente. Y contarlo, lucirlo, delante de los perdedores que habían pagado más. Ellos eran los gastadores, los despilfarradores. No él, el gran ahorrador rodeado de camisetas que ya no le entran, cds vírgenes que ya no graba y cajas de té recolectado en la India varias décadas atrás. Gastar para ahorrar, claro que sí. El sistema nos hace sentir triunfadores incluso cuando perdemos.
miércoles, julio 15, 2026
Una muerte de ficción conmueve más que una real
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Una muerte de ficción conmueve más que una real. Un amante que fallece después de mil tribulaciones persiguiendo su amor. Un inmigrante que se ahoga en las aguas del Mediterráneo tras años luchando por llegar al barco que será su tumba. Si tiene un buen director detrás, la historia nos emociona hasta agotar la provisión familiar de pañuelos. Si es un titular de prensa lo barremos con el dedo buscando algo que nos llame más la atención. Una indemnización por resbalar con unos puerros o un cuadro valioso olvidado en un portal. ¡Flipante! Y es que necesitamos que se haya construido una historia alrededor del drama para conectar con ella. Si la muerte es anónima el impacto solo viene por dos motivos… una elevada cifra de muertos que los compacta en un gran evento, que paradójicamente anula a los individuos, o que su final haya llegado de una manera inusual, vistosa. ¡Se cayó haciéndose un selfie en un acantilado! La noticia está en el cómo no en el quién. El clickbait nos alcanza antes por lo llamativo de la forma que por lo humano de la pérdida. ¿Por qué reaccionamos así? Por el mecanismo de la empatía. Se despierta cuanto mayor es la identificación con el protagonista. Conocer detalles de quién es, o era, dibuja una identidad a la que poder atribuir sentimientos y emociones, una familia que lo llora y una vida truncada. Por eso todo buen periodista busca un rostro concreto para contar una historia más amplia, para tener un rompehielos que abra nuestra atención y corazón sobre lo que quiere contar. Exactamente como hacen las películas, incluso las de sesión de tarde. Mostrar humanidad, aunque sea ficticia. ¡Somos unos desalmados blindados ante el drama real! Cuidado, vivir a pecho descubierto, sintiendo por todo y por todos, nos condenaría a ser un crisol de dolor desbordado por la impotencia de ser incapaces de impedirlo. Filtrar emociones es tan natural como filtrar sonidos, ignorar el ruido de fondo nos permite escuchar lo que nos interesa. Oírlo todo nos condenaría a vivir aislados en una habitación insonorizada. Ahora bien, implantarse los tapones más gruesos del mercado impide escuchar música y las risas del otro. No te dejan conectar. Conseguir la permeabilidad justa para sentir sin abrumarse a cada paso, ni ignorar a quien se cae a nuestro lado, ahí está el reto. Si el cine ha sabido hacerlo, toca ser directores de nuestras propias películas basadas en hechos reales. Hay una en cada persona que nos rodea.
lunes, julio 13, 2026
Celebrar el día que se ha nacido
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Celebrar el día que se ha nacido ¿Acaso es el más importante? Poco mérito tiene nacer, lo tiene para la madre que aguantó los 9 meses contigo dentro. Ese animalillo expulsado a la vida debería celebrar el día que conoció a su mejor amigo, o cuando ganó su primer sueldo e incluso aquel día que fue feliz inesperadamente. Pero no, las tradiciones nos obligan a celebrar el empujón que nos dieron al subir a esta atracción de feria de la que no se puede salir hasta que el cochecito se para. A menos que te sueltes el cinturón y en un giro te estampes contra el suelo. Sometidos a la esclavitud de las costumbres... Zorionak! No por nacer que no tiene mérito, sino por querer seguir viviendo!
martes, julio 07, 2026
Me han dicho que no coma frutas ni verduras
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“Me han dicho que no coma frutas ni verduras”. Me cuenta una amiga que es la nueva dieta que está llevando la más delgada de su grupo. Carnes, hidratos, grasas y azúcares ya habían pasado por la guillotina de las dietas mientras que las manzanas y tomates aplaudían salvadas al otro lado de la pasarela. Hasta hoy. Cuando ya no se podía quitar más, ha llegado la solución definitiva, dejar de comer. Porque todo alimento que entra por la boca es sospechoso de hacer en nuestro cuerpo algo que no queremos. Cada plato que nos ponen en la mesa es un campo de minas que conspira para agarrarse al michelín, inflamar y disparar los asteriscos de los análisis. La comida ya no sirve para vivir sino para sufrir. Es cierto, desterrémosla, dejemos de comer y de pasarlo mal. Se acabo cocinar, las neveras y las vitrocerámicas. Hay que dejar de comer porque comer enferma y mata. (No comer también). Vale ya, ¿no? Vivimos en una sociedad oral en la que la salud entra por la boca, controlar todo lo que pasa por ella se ha normalizado hasta sospechar de las más inocentes, las que tenían cara de peluche y acogíamos en nuestros tenedores sin miedo, las frutas y verduras. A la obligación de ser guapo ahora se suma la de estar perfectamente sano, y si no lo estás es culpa tuya, por supuesto, porque tenemos el control total de nuestro cuerpo ¿no?. ¡Qué bien! Ya tenemos una nueva herramienta de discriminación: “Fulana no va al gimnasio y bebe alcohol”. Se está cruzando la línea de promover una vida saludable a la salud como objetivo de vida. El placer ya no es satisfacer lo que te gusta sino conseguir reprimirlo en aras de la supuesta salubridad. Miedo me da pensar en el impacto psicólogico de semejante perversión. Que la salud mental importa, pero oye, no se ve en las fotos. No hay que olvidar que el estilo de vida es solo uno de los pilares de la salud, otros muchos son la genética, factores sociales y económicos o el sistema sanitario. La ficción del control total sobre nuestra salud es una gran mentira, si fuera así la gente “saludable” jamás enfermaría ni moriría. Cuando la desinformación ha llegado al extremo de enviar a Guantánamo a un plátano y una lechuga, conviene desaprender el ruido social que nos atonta. Porque hay que cuidarse para tener una buena calidad de vida, y disfrutar para que merezca la pena vivirla. ¿Sabéis qué más le dijeron a mi amiga? “Vas al gimnasio, pero no se te nota”.
domingo, julio 05, 2026
No saques la mierda del pasado
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“No saques la mierda del pasado”. A ninguno nos gusta sentir que alguien ha guardado durante mucho tiempo un malestar que le hemos provocado y del que no teníamos noticia hasta ahora. En ese momento habla un rencor larvado que nos enfrenta a descubrir una nueva cara de la persona que creíamos conocer. ¡Le han clonado los ladrones de ultracuerpos! ¿Y por qué no me lo dijiste antes?. Las razones por las que callamos lo que nos gustaría decir son infinitas pero todas tienen en común una falta de confianza y un miedo a enturbiar el vínculo. El silencio lubrica las relaciones y la impostura nos permite vivir en sociedad. Entonces ¿por qué ahora? Cabe preguntarse si toda crítica retrospectiva viene envuelta en un rencor que ha reventado. Hay una fina línea que separa la voluntad de señalar con el dedo exorcizando el veneno acumulado de la de querer hacerse entender. La diferencia está en un simple concepto: quererse bien o no. Quien quiere bien, busca poner las cartas sobre la mesa, hacerse entender, ir más allá del último capítulo que no explica toda la historia, para mostrarse e integrar los sentimientos más incómodos en la complejidad que supone toda relación de intimidad. Para poder hacerlo, hay que tener al otro lado de la mesa a alguien que quiere lo mismo que tú. Seguir construyendo y disfrutando la relación. Se trata de conversar para ver el dibujo completo. Rozar para encajar piezas y aceptar las más feas como parte de un puzle final que no se rompe. Un juego de toma y daca, ¡aquí no se libra nadie!, en el que ambas partes salen ganando, aunque terminen con un par de moratones en lo que daban por sentado. Cuando no hay emparejamiento de voluntades, la comunicación nace muerta, condenada al aborto de hablar solo de lo ajeno y lo cómodo. Y se cava una nueva tumba en el cementerio de las conversaciones que te hubiera gustado tener. La mierda puede ser la suciedad que lanzas a la cara o el abono con el que quieres fertilizar la tierra de una relación fértil. El número de cervezas que sois capaces de tomar juntos sin mirar el reloj marcará la diferencia.
viernes, junio 12, 2026
sábado, junio 06, 2026
¿Saludar o no saludar?
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¿Saludar o no saludar? Un acto aparentemente sencillo que puede convertirse en todo un dilema moral y una declaración de intenciones por su presencia o ausencia. Tanto es así que puede terminar saludándote la desconocida de los lunes que pide en la calle y jamás haberte levantado la mirada el vecino de al lado desde que te mudaste veinte años atrás. Casos reales. Y es que el saludo tiene lenguaje propio como los abanicos. Desde la simple muestra de reconocimiento del otro, un sé quién eres y tú quién soy yo, que se solventa con un simple gesto mudo como un levantamiento de cejas o ligero movimiento de cabeza. Pasando por mostrar una respuesta positiva al encuentro con una sonrisa, un levantamiento de mano o un rápido “Epa”. Hasta llegar al saludo que deriva en afortunado encuentro, que sustituye el “hasta luego” por un “hola” y obliga a parar a las partes para intercambiar una breve puesta al día. Expuesta la norma llegan las excepciones. Una ley no escrita nos impulsa a saludar a cualquier desconocido que nos cruzamos en un ambiente de relativa intimidad como las escaleras de casa, el edificio de tu trabajo o las salitas de espera de tamaño reducido. Sí señor, saludamos a desconocidos. Nos reconocemos la mutua existencia en un espacio compartido. Y no saludamos a quienes conocemos bien pero queremos mostrar nuestro mayor desdén. Y viceversa. Seguro que nos sobran razones para petrificar el rostro. Luego llegan las zonas grises… personas que reconoces pero con las que no tienes ningún vínculo real presente. Amigos de amigos de amigos, excompañeros de trabajo del pleistoceno que se sentaban dos mesas atrás, antiguos compañeros de clase con los que jamás hablaste pero reconoces, desconocidos que cogen tu mismo autobús y a los que ves encanecer y cómo crecen sus hijos, parroquianos de tu cafetería, dependientes con los que has interactuado decenas de veces… ¿saludar o no? Podemos generar un incómodo hábito para el otro o pecar de maleducados. Pasados los primeros tanteos, el equilibrio se alcanza en el menor denominador común. A los teatreros del falso despiste se les invita a unas clases urgentes de improvisación para lubricar la convivencia. Nuestros saludos hablan de nosotros, son una primera ventana a nuestro interior. Miopías aparte, qué menos que devolver un saludo cuando te saludan. No hacerlo pavimenta un largo camino de innecesaria incomodidad. ¡Hasta luego!
miércoles, junio 03, 2026
He tocado fondo
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“He tocado fondo”. Nadie desea para sí mismo ni para los demás caer en una espiral emocional descendente que te desmonta como persona. Hundirse no mola, que se lo digan al Titanic, sobre todo si se traduce en un bloqueo personal donde nada tiene sentido y ha desaparecido todo interés y deseo. Pero también es una oportunidad. Descender hasta el punto en el que nada te importa y el nihilismo más extremo duerme contigo, contiene un extraño regalo: el poder de relativizar. Cuando te ha dejado de importar lo que piensan los demás, salir hecho un cuadro a la calle y el silencio al apagar la luz, te vuelves poderoso sin saberlo. Acabas de comprar un billete hacia una vida más libre. Has roto con todo aquello que tanto te importaba hasta llegar al punto de que puedes vivir sin ello. “¡Eh, no te olvides que aquí abajo me siento fatal!”. Y te seguirás sintiendo mal hasta el día que te canses de sentirte mal. Porque somos así, de todo nos acabamos cansando, también de lo malo. El quid de la cuestión está en identificar qué sí te importa. Lo que sea, desde comerte una pizza, bañarte en el mar o la compañía de otro cuerpo junto al tuyo en el sofá. La caída ha ejercido de filtro, ha simplificado y evidenciado qué sí y qué no. Y a partir de ahí te guías por lo que te mueve e ignoras lo que ya no te sirve. Te has deconstruido a tu pesar, para construir otra manera de estar que te aporte un mayor bienestar. Se reduce el miedo a perder porque ya has perdido mucho y redescubres el valor de todo lo que te hace sentir bien. No sale gratis, claro, se paga el precio del desencanto y la pérdida de inocencia. No vuelves a ser quien eras. Cambia tu escala de valores, como el tablero de salidas de un aeropuerto, evolucionas, maduras que también lo llaman así, para despegar a los siguientes destinos que te esperan.
sábado, mayo 30, 2026
Si todos nos creemos buenas personas...
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Si todos nos creemos buenas personas ¿por qué sentimos que hay malas personas? La perspectiva íntima se enfrenta a la visión externa. Cuando se trata de nosotros mismos conocemos todas las razones y sentimientos que justifican nuestras acciones calificándolas de buenas, e incluso cuando no sentimos que lo son, las justificamos como necesarias e inevitables y en ningún caso nos autoproclamamos malas personas. Solo de postureo, qué malote soy. Esas mismas acciones o pasividades vistas desde fuera cuentan con mucha menos información del actor y mucha más del receptor. El mismo hecho se juzga desde una perspectiva distinta. Ahí ya tenemos la primera razón por la que algo puede ser bueno y malo al mismo tiempo, el punto de vista subjetivo. Si solo hay un plátano para dos personas que tienen hambre, desde fuera lo bueno sería repartirlo en dos como Salomón, pero cada una de esas personas está pensando en sus hijos que esperan hambrientos en casa y piensan que lo mejor es llevárselo entero y compartirlo con los suyos. Nacionalismo familiar podríamos llamarlo. Aquí está una segunda razón, la limitación de recursos materiales o de tiempo, obliga a repartirlos y la perspectiva subjetiva prefiere que sean para uno mismo que para los demás, no por egoísmo, sino porque considera que los necesita para tener una vida digna. Curiosamente hay quien no encuentra límite en la necesidad de acumulación de recursos para uso personal. A mayor cantidad de recursos para compartir y menor necesidad de ellos, mayor bondad encontraremos puesto que la pelea será menor y la voluntad de compartir mayor. “Cariño, me marcho porque ya no te quiero”. Quien abandona a la persona que sigue enamorada es el malo y la abandonada la buena. Llegamos al tercer vértice de la brújula moral, las emociones. Hacer siempre lo que al resto les viene bien supondría transformarse en un siervo de la voluntad ajena donde se anularían los propios deseos y necesidades. Ser un mártir no es ser buena persona ni poner límites te convierte en mala. Todo es relativo. ¡Eh! Hay actos objetivamente malvados. Patologías aparte, las emociones descontroladas, inseguridades personales, necesidades insatisfechas y supremacismos solo consiguen acallar su ruido haciendo daño, necesario para ellos, a otros. Son incapaces de otra cosa. No saben cómo hacerlo distinto. No ven las alternativas no lesivas que otros sí. Quizás aún somos una sociedad joven que debe madurar hacia un mayor consenso sobre lo que es ser buena persona.
miércoles, mayo 27, 2026
¿Todo tiene un final?
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¿Todo tiene un final? Si echamos un vistazo desde la perspectiva de una vida humana parece claro que los seres vivos mueren, pero las pirámides de Egipto permanecen. Más de 4000 años tienen las tías. Vivimos creyendo que más allá de nuestra propia existencia creamos un legado como sociedad: una cultura que permanece, ahí está la democracia griega que aún utilizamos a trancas y barrancas; unas recetas, desde aquel primer genio al que se le ocurrió hacer pan hasta quien pensó que era buena idea hacerle un agujero a un donut; grandes obras de ingeniería y de arte, ahí siguen los bisontes cavernarios ilustrando paredes lejos de la luz del sol; y cómo no, legados familiares que pasan de generación en generación a través de los lazos de sangre. Son muchas las estrategias que hemos creado para alcanzar la trascendencia y dejar una huella más allá de nuestro propio tiempo. Marcharnos sabiendo que ella se queda nos transmite una sensación de haber cumplido una misión. El tiempo nos ha demostrado que los imperios caen, los sistemas geopolíticos y sus fronteras también, por no hablar de todo lo que destruyen las bombas, la globalización o la propia naturaleza. Que se lo pregunten a los dinosaurios. Paradójicamente, nuestro afán de permanencia crece en paralelo a nuestra capacidad de destrucción y se nos ocurrió crear bombas tan potentes que acabarían con todo rastro humano sobre la faz de la tierra en un ratillo. Y luego está el cosmos. Quizás nunca sepamos si siempre ha estado ahí o hubo un tiempo que no fue, para luego ser. Eso sí, a escala astronómica la velocidad es otra, los planetas van a su ritmo, sin prisa, pero hasta los soles se apagan si les das tiempo. Retomando la cuestión inicial, cabe pensar que todo aquello que no estuvo un día, volverá a no estar otro. La existencia es un florecimiento fugaz. No hay un único fin del mundo, el mundo se muere una y mil veces cada vez que una vida se apaga. Ey! Hoy toca brillar.
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