Si todos nos creemos buenas personas ¿por qué sentimos que hay malas personas? La perspectiva íntima se enfrenta a la visión externa. Cuando se trata de nosotros mismos conocemos todas las razones y sentimientos que justifican nuestras acciones calificándolas de buenas, e incluso cuando no sentimos que lo son, las justificamos como necesarias e inevitables y en ningún caso nos autoproclamamos malas personas. Solo de postureo, qué malote soy. Esas mismas acciones o pasividades vistas desde fuera cuentan con mucha menos información del actor y mucha más del receptor. El mismo hecho se juzga desde una perspectiva distinta. Ahí ya tenemos la primera razón por la que algo puede ser bueno y malo al mismo tiempo, el punto de vista subjetivo. Si solo hay un plátano para dos personas que tienen hambre, desde fuera lo bueno sería repartirlo en dos como Salomón, pero cada una de esas personas está pensando en sus hijos que esperan hambrientos en casa y piensan que lo mejor es llevárselo entero y compartirlo con los suyos. Nacionalismo familiar podríamos llamarlo. Aquí está una segunda razón, la limitación de recursos materiales o de tiempo, obliga a repartirlos y la perspectiva subjetiva prefiere que sean para uno mismo que para los demás, no por egoísmo, sino porque considera que los necesita para tener una vida digna. Curiosamente hay quien no encuentra límite en la necesidad de acumulación de recursos para uso personal. A mayor cantidad de recursos para compartir y menor necesidad de ellos, mayor bondad encontraremos puesto que la pelea será menor y la voluntad de compartir mayor. “Cariño, me marcho porque ya no te quiero”. Quien abandona a la persona que sigue enamorada es el malo y la abandonada la buena. Llegamos al tercer vértice de la brújula moral, las emociones. Hacer siempre lo que al resto les viene bien supondría transformarse en un siervo de la voluntad ajena donde se anularían los propios deseos y necesidades. Ser un mártir no es ser buena persona ni poner límites te convierte en mala. Todo es relativo. ¡Eh! Hay actos objetivamente malvados. Patologías aparte, las emociones descontroladas, inseguridades personales, necesidades insatisfechas y supremacismos solo consiguen acallar su ruido haciendo daño, necesario para ellos, a otros. Son incapaces de otra cosa. No saben cómo hacerlo distinto. No ven las alternativas no lesivas que otros sí. Quizás aún somos una sociedad joven que debe madurar hacia un mayor consenso sobre lo que es ser buena persona.
sábado, mayo 30, 2026
miércoles, mayo 27, 2026
¿Todo tiene un final?
Video: ¿Todo tiene un final?
¿Todo tiene un final? Si echamos un vistazo desde la perspectiva de una vida humana parece claro que los seres vivos mueren, pero las pirámides de Egipto permanecen. Más de 4000 años tienen las tías. Vivimos creyendo que más allá de nuestra propia existencia creamos un legado como sociedad: una cultura que permanece, ahí está la democracia griega que aún utilizamos a trancas y barrancas; unas recetas, desde aquel primer genio al que se le ocurrió hacer pan hasta quien pensó que era buena idea hacerle un agujero a un donut; grandes obras de ingeniería y de arte, ahí siguen los bisontes cavernarios ilustrando paredes lejos de la luz del sol; y cómo no, legados familiares que pasan de generación en generación a través de los lazos de sangre. Son muchas las estrategias que hemos creado para alcanzar la trascendencia y dejar una huella más allá de nuestro propio tiempo. Marcharnos sabiendo que ella se queda nos transmite una sensación de haber cumplido una misión. El tiempo nos ha demostrado que los imperios caen, los sistemas geopolíticos y sus fronteras también, por no hablar de todo lo que destruyen las bombas, la globalización o la propia naturaleza. Que se lo pregunten a los dinosaurios. Paradójicamente, nuestro afán de permanencia crece en paralelo a nuestra capacidad de destrucción y se nos ocurrió crear bombas tan potentes que acabarían con todo rastro humano sobre la faz de la tierra en un ratillo. Y luego está el cosmos. Quizás nunca sepamos si siempre ha estado ahí o hubo un tiempo que no fue, para luego ser. Eso sí, a escala astronómica la velocidad es otra, los planetas van a su ritmo, sin prisa, pero hasta los soles se apagan si les das tiempo. Retomando la cuestión inicial, cabe pensar que todo aquello que no estuvo un día, volverá a no estar otro. La existencia es un florecimiento fugaz. No hay un único fin del mundo, el mundo se muere una y mil veces cada vez que una vida se apaga. Ey! Hoy toca brillar.
sábado, mayo 23, 2026
Si viviéramos mil años
Video: Si viviéramos mil años
Si viviéramos mil años… no sentiríamos que la vida dura un instante y tendríamos tiempo para hacer todo lo que quisiéramos antes de que cayera toda la arena del reloj. Suponiendo una misma estructura vital diez veces más larga, supondría multiplicar por diez todas y cada una de
las experiencias por las que pasamos. Tendríamos 130 años de infancia, una adolescencia de 60 años, una juventud peterpanesca de 150 o incluso 200 años y viajaríamos diez veces más.
Pero también tendríamos que cotizar 350 años para cobrar la pensión completa, transitar por
una vejez de 300 años y limpiar diez veces más la taza del wáter. Con nuestra manera de sentir actual, necesitada de estímulos constantes, el aburrimiento sería nuestra compañía durante
siglos, porque tener más tiempo no significa tener necesariamente más oportunidades o dinero para hacer lo que ahora no podemos. Alargar nuestra existencia supondría un gran
cambio radical… la necesidad de aplicar un control extremo de natalidad. Si tuviéramos hijos cada 35 años sin fallecimientos, la población mundial se dispararía como burbuja de baño en agua caliente. Menos hijos supondría tener menos jóvenes en una sociedad envejecida dirigida
por los mismos durante cientos de años. Con la edad tendemos a ser más conservadores, aferrándonos a lo conocido asociándolo a lo correcto. Son las nuevas generaciones quienes
cuestionan lo establecido y más cambios promueven. Los procesos de cambio serían diez veces
más lentos frenados por quienes aún defenderían el papiro en lugar de papel. El poder estaría en manos de las mismas personas durante mucho más tiempo, consolidando dictaduras de facto alrededor de lo que siempre ha sido y debe ser. Sería una sociedad más lenta y pesada,
quizás más calmada, que sentiría la necesidad de buscar un propósito personal durante una
larga existencia. Cambiaría nuestra percepción del tiempo y se redimensionaría nuestra
pulsión a intentar aprovecharlo. No nos reconoceríamos. Seríamos otros. ¿Mejores? ¿Con una mayor sensación de sentido vital? Es como preguntarse si es más feliz una tortuga gigante que
vive más de cien años o un perro que vive quince. Seríamos otros. No seríamos quienes somos
ahora.
miércoles, mayo 20, 2026
¿Dónde se ha ido el sentido común?
Video: ¿Dónde se ha ido el sentido común?
¿Dónde se ha ido el sentido común? Miramos alrededor y no damos crédito a las cosas que
pasan. La sensatez ha hecho las maletas en busca de extraterrestres más afables que nosotros. ¡El mundo se ha vuelto loco! El sentido común es el faro en la oscuridad, el azúcar de un café
amargo, la pila nueva para un mando agotado… y sin embargo lo castigamos a estar sentado en una esquina del cuadrilátero. Y es que en el ring debe enfrentarse a un gran rival: las
emociones. Caóticas, imprevisibles e incluso autodestructivas. No es tarea fácil someter a la
montaña rusa irracional que sacude nuestros cuerpos. Que le digan al enamorado de la
persona que no le conviene que deje de quererla, o al diabético hambriento que no meta el
dedo en la tarta. ¡Eh! ¡La razón es el adulto que debe controlar a la emoción! Si la evolución no
ha erradicado nuestras emociones es porque son necesarias para nuestra supervivencia. Ahí
están esa insatisfacción permanente que nos empuja a una búsqueda interminable, ese anhelo
de amor que nos hace tocar al otro, ese miedo que nos protege o esa inconsciencia que nos permite explorar más allá de nuestra zona de confort. Dejemos entonces que las emociones
nos guíen, ellas saben lo que nosotros no. Hombre, tú corre cuando veas un oso y verás cómo te da caza, quédate quieto y te ignorará. El sentido común es esa suma de conocimientos ancestrales y personales que te ayuda a limitar los malos resultados. Merece la pena dejarle hablar también. Porque el sentido común tiene tanto sentido común que no ignora la necesidad de escuchar y satisfacer las necesidades e impulsos, las integra dentro de su razón de ser. Sabe cuándo dejarte llevar y cuándo advertirte de que lo pienses dos veces. El auténtico enemigo de la sensatez es la mirada estrecha, miope, cortoplacista y egocéntica, que solo ve lógica su propia satisfacción caiga quien caiga, olvidando que formamos parte de un
sistema orgánico y que pensar en los demás es pensar en ti.
sábado, mayo 16, 2026
Qué mayor le he visto
Video: Qué mayor le he visto
¡Qué mayor le he visto! Reconócelo, todos tenemos esa clase de pensamientos. Está más gordo, más flaca, ya no es lo que era. Aquello que vemos es la primera información que llega a nuestro cerebro para interpretar lo que tenemos delante. Estamos diseñados para registrar cualquier cambio en nuestro entorno y así reaccionar a cualquier tipo de alerta. Esa habilidad tan útil para esquivar un patinete descontrolado y parar en un semáforo en rojo, también analiza y valora el aspecto exterior de lo que nos rodea… casas, coches y personas. La vista nos condena a prejuzgar en base al aspecto de lo que vemos. ¡Los ojos son nuestros enemigos! Si no pudiéramos ver, no prejuzgaríamos. ¿Seguro? En un mundo de invidentes sería la voz quien determinaría la belleza del otro, cuántos enamoramientos ha habido de voces de radio. La discriminación estaría dirigida hacia las voces más ásperas e incómodas de escuchar. Y si no tuviéramos oídos, sería el olfato quien definiría el atractivo. Mejor no sigo o terminaríamos siendo amebas. Los sentidos son los periféricos que nos traen toda la información, y cuanta más, mejor. Interpretar los datos es cosa nuestra. La belleza y la juventud siempre van a generar atracción porque es su razón de ser biológica, atraer para perpetuar la especie durante la etapa reproductiva. Percibir su desaparición progresiva es inevitable, pero juzgarla como un defecto es reducirnos solo a lo que el ojo puede ver. Sería como preferir la fachada de cartón de un precioso restaurante en los Studios Pinewood en lugar del bar de menú del día de tu barrio. Ya me dirás dónde consigues llenar mejor el estómago. ¡Es imposible abstraerse de lo que ven nuestros ojos! Ni falta que hace, basta con dimensionar el valor de esa información. Escuché ayer a una mujer decir: “A Rihanna le falla algo, creo que tiene la cabeza muy grande”. Estar en la cima del modelo a seguir promovido por el mercado no te libra del juicio ajeno. Ninguno escapamos. Precisamente por eso, cada vez que sentimos juzgadas injustamente nuestras propias decisiones, emociones o aspecto, deberíamos apuntalar nuestro respeto hacia las de los demás.
miércoles, mayo 13, 2026
Si me tocara la lotería
Video: Si me tocara la lotería
Si me tocara la lotería… me compraría un coche, una casa e invitaría a todos mis amigos a una buena cena. Con el resto del premio buscaría la manera de dejar de trabajar, compraría dos buenos pisos en el centro y los alquilaría por una buena pasta. Con ese dinero viviría de las rentas y sin perder la inversión en ladrillo. ¿Burbuja inmobiliaria? Y todo eso lo está pensando un tipo de más de treinta años que sigue viviendo con sus padres porque el sueldo que cobra no le permite independizarse. Y son esos precios elevados que está deseando embolsarse los que hoy otros le quieren cobrar a él y por eso sigue durmiendo rodeado de pósters de los años 90. Estamos ante un claro caso de disforia de clase. Personas que adoptan pensamientos y comportamientos de una clase social a la que no pertenecen, boicoteándose a sí mismos trasmitiendo unos valores que son los que le condenan a la realidad en la que está atrapado. Decide y vive en base a una aspiración no cumplida, el sueño del lugar en el que no está determina las decisiones que toma donde sí está. El gran triunfo del sistema es transmitir la idea de que todo es posible, cualquiera puede ser millonario, y por tanto debe actuar como tal desde que toma decisiones por sí mismo. La gran trampa está en que solo una mínima parte sube al piso de arriba aupado y aplaudido por los que siguen abajo. Si miras hacia arriba mientras caminas lo más normal es que termines estampándote contra una columna. Si no compras ropa que no es de tu talla, ni el sabor de helado que no te gusta, ni llamas a medianoche al amigo que peor te cae, cuesta comprender que apuestes por lo que te perjudica pensando que tal vez un día te beneficiará. Cuando una rata se ahoga no quiere collares de diamantes sino un salvavidas. Lo contrario es vender el sentido común para comprar un billete de lotería.
lunes, mayo 11, 2026
sábado, mayo 09, 2026
¡Desconecta!
Video: ¡Desconecta!
¡Desconecta! Claro que sí, tienes el control total de tu mente para decidir qué quieres pensar y
sentir en cada momento. Los pensamientos y las emociones vienen con un interruptor de dos posiciones: encendido y apagado. Si no desconectas es culpa tuya por no querer cortar la
corriente. Pobre infeliz. El cerebro no es un sistema eléctrico bifásico ni un ordenador
en el que eliges qué programa abrir en cada momento cerrando por completo el resto.
Consiguen desconectar con facilidad aquellos que viven solo para lo inmediato, como Super
Mario que bastante tiene con saltar el obstáculo que acaba de encontrarse, el presentismo absoluto es una desconexión automática de lo que iba antes y lo que vendrá después. También
están los que cuentan con una personalidad despreocupada hacia todo aquello que no es de
su auténtico interés. Olvida al instante lo que no le importa, y cuantas menos cosas le importan, o siente que no son su responsabilidad, más fácil borrarlas de su mente como José el Francés y la Niña Pastori. Despreocupación que a menudo termina en hombros ajenos. Luego está el resto de la población mundial, personas que para
sobrevivir deben resolver los infinitos problemas que plantea la compleja vida humana que el
sistema ha establecido. Cada olvido, error o falta de anticipación puede estar sembrando la semilla de un problema aún mayor. Recordar y olvidar a capricho es un reto que aún se vuelvemás difícil cuando se trata de emociones. Un enfado no desaparece cruzando una puerta ni
una preocupación se borra con una cerveza, con cinco igual sí. Buscar herramientas y estrategias para parcelar las responsabilidades y emociones es un trabajo personal de largo
recorrido con éxito intermitente. Una cosa es ayudarse a desconectar y otra culparse por no
conseguirlo. Dormir es un gran reinicio.
¿Qué tal?
Video: ¿Qué tal?
- ¿Qué tal?
- Bien ¿o quieres saber la verdad?
¿Qué tal? es una de las fórmulas más tramposas de la conversación superficial. Se trata de una
pregunta de cortesía con la que solo se pretende saludar sustituyendo a los habituales: ¡Hola! ¡Cuánto tiempo! ¡Buenos días! o ¡Vaya día ha salido hoy! que son mucho más eficaces en su función de saludo intrascendente, cuyo valor está más en el acto y el tono, que el contenido.
Sin embargo hay quien no se conforma con anunciar su presencia con unas palabras neutras
sino que quiere ir más allá, quiere demostrar interés por la persona que tiene delante. Y en ese
momento la empatía social se materializa en un “¿qué tal?”. Y plantea al interpelado la gran duda… ¿quiere saberlo o no? Por defecto hay que interpretarlo de manera vacua. Se esperan
como respuesta fórmulas precocinadas como “muy bien”, “no me puedo quejar”, “ahí andamos” o “como siempre”. Permiten al osado saludador concluir el rito con un “ya me
alegro”. Y ahí acaba todo, como el intercambio de cua-cuas entre dos patos. Pero ¿y si realmente quieren saber la verdad de tu estado emocional? Puede tratarse de una ocasión
para conectar con el otro haciéndole partícipe de tu realidad y permitiéndole interesarse por ella. Una respuesta automática podría cerrar en los morros la puerta a una comunicación más honesta y sincera. Cualquier respuesta de la que se infiera que no te sientes iluminado por la
felicidad más absoluta obligará al otro a reaccionar, es ahí donde descubres si se ha
incomodado y busca pastos más cómodos, o aprovecha para interesarse por ti. Habrá
desasosiego o conexión. Cuánto dice de nosotros un simple “¿qué tal?”.
martes, mayo 05, 2026
domingo, mayo 03, 2026
sábado, mayo 02, 2026
¿Qué camiseta vas a ponerte hoy?
Video: ¿Qué camiseta vas a ponerte hoy?
¿Qué camiseta vas a ponerte hoy? Me preguntan cada vez más. Dos personas, suficientes para justificar que se ha duplicado la estadística. A la hora de elegir hay dos amigos que nos hablan al oído: la reflexión y el impulso. La decisión elaborada suele responder a alcanzar algún objetivo práctico o estético, ajustarte al tipo de situación que va a tener lugar o componer una imagen con la que te quieres mostrar. Dejan en segundo lugar lo que apetece por debajo de lo que conviene. Sin embargo, la espontaneidad se deja guiar por la opción más sencilla, la camiseta que aún cuelga del perchero esperando una última puesta… o aquellas que están apiladas en las zonas superiores, señal de que son las que más nos ponemos y rotan. Todas ellas tienen algo en común: nos hacen sentir bien. Cuando te las enfundas te sientes cómodo, te ves bien y no te hacen dudar, como un buen amigo que te deja ser como eres sin tener que contenerte. Son zonas de confianza con mangas, o sin ellas, cuidao. Atención a la lección textil… podemos elegir lo que nos hace sentir bien. Sin embargo, cada día el ser humano es capaz de caminar con decisión a donde no quiere ir. Porque debe hacerlo, porque le conviene, porque en caso contrario las consecuencias serían negativas. Navegamos subidos en el mismo barco cuyo rumbo parece definido por otros y solo nos queda cumplir nuestro papel, fregar la cubierta o servir canapés en el Salón Nautilus. Nuestra voluntad está encadenada. Cuidado ahí. Allá donde la obligación no sea ineludible siempre cabe la posibilidad de plantearte qué te apetece. Escuchar la voz que te reclama bienestar orienta tus pasos hacia una mayor honestidad contigo mismo y con los demás. Lástima que no tengo una camiseta donde esté escrito bien grande: “¿Me apetece?” para tenerlo más presente. Si has llegado hasta aquí… estas son mis camisetas.
viernes, mayo 01, 2026
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