¡Ya lo cambiaré! Es lo que pensó mi abuela cuando conoció a mi abuelo. Las personas son arcilla en nuestras manos y podemos moldearlas para que se adapten a lo que nos viene bien. Podemos hacer del impuntual un obseso del reloj, del olvidadizo un tipo atento, del egoísta un dechado de generosidad… está chupado. Basta con utilizar alguna de las reglas mágicas ancestrales: el reproche o la amenaza. Nada mejor que un buen ultimátum bomba para arreglar las cosas. Y si te ves capaz, puedes optar por aplicar una herramienta estratégica de alta tecnología: la manipulación. Conseguir el cambio haciéndole creer que ha sido idea suya y por su bien. ¡Qué fácil es hacer que los otros cambien sin necesidad de hacerlo uno! Creo que tienen que estar a punto de sacar el cursillo de autoayuda para autoayudar a los demás. Se advierte que esta infalible metodología funciona como los insecticidas: Los “cambiados” callan, desconfían, huyen y desaparecen. Si se van es porque no te merecían. Y oye, qué maravilla es tener la razón aunque te quedes solo. Cuando intentar cambiar a los demás no funciona, lo que te queda es cambiar a ti. Porque sí, podemos cambiar. Empezamos viendo la vida en blanco y negro como Barricada, pero aprendemos a distinguir la variedad de grises hasta darnos cuenta de que la paleta es tan amplia como la del color. De repente un día descubres que el reproche por sistema genera rechazo, hablando claro, tú generas rechazo. Es mejor echarle ingenio y buscar alternativas viables a los desencuentros, y si no las hay, o no son satisfactorias para ambas partes, asumir que lo deseable no es posible. Porque nadie puede dar más de lo que es capaz de dar. No somos iguales. No podemos interpretar al otro solo en base a nosotros mismos. El peso de cada palabra y acción es diferente según de quién provenga. Hay que entender los ingredientes del complejo cóctel que tenemos delante para ser justos, y a partir de ahí decidir si compartimos barra de bar o seguimos de ronda por la ciudad. ¡Ah! Por si alguien se ha quedado con la duda, mi abuela no consiguió cambiar a mi
abuelo.
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