No sabemos cuánto no sabemos. En materia de conocimiento humano somos conscientes de que por cada libro leído, existen bibliotecas enteras que pasaremos de largo. Por cada persona conocida, millones de desconocidos. Por cada bar visitado, miles a los que jamás entraremos. El universo ignorado está a la vuelta de la esquina. Esa es la parte visible, pero son muchas las
cosas silenciosas que nos tocan directamente mientras estamos sumidos en la más absoluta ignorancia. Nuestro sistema inmunológico está devorando una célula cancerosa que de haberse escapado cambiaría nuestra vida radicalmente. Y lo está haciendo mientras te tomas el café de la mañana ajeno a los doctores que llevas dentro. Los reflejos de un conductor te han librado de ser atropellado una de tantas veces que cruzas en rojo y olvidas acto seguido. ¡Campanas mudas que nos salvan! Una reunión en un despacho entre desconocidos pacta la puesta en marcha de un negocio del que te llamarán para trabajar. Alguien dará tu nombre y quizás nunca sepas que te recomendó. Un desconocido está decidiendo subir el precio de la cerveza que te tomarás mañana y una pareja que rompe pone a la venta el piso que acabarás comprando mientras esperas al autobús, ignorante de que tu futuro hogar te está esperando. ¡Conexiones invisibles determinantes! Conocimientos, acontecimientos y mecanismos que operan en la sombra. Y luego están los sentimientos que jamás conoceremos. El comentario que hicimos y molestó de una manera insospechada a quien teníamos cerca. Y calló. Las expectativas ajenas que no cumplimos y decepcionaron sin despertar sospechas. El afecto tímido o mal expresado que alguien nos tiene y se camufla como simple cortesía o simpatía. La admiración prudente, el odio educado, el duelo desconocido por un adiós. Lo que no se dice pero se siente, lo que se ha hecho sin buscar reconocimiento, el desvelo protector y la lágrima solitaria. Un vendaval invisible que nos rodea, un vendaval que mueve y empuja sin ser visto mientras creemos saberlo todo y conocer a todos. Es muy posible que ahora mismo haya alguien pensando en ti y no lo sepas. Los tinteros están llenos de palabras no dichas, las bonitas al menos merecerían ser escritas.
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