miércoles, julio 15, 2026

Una muerte de ficción conmueve más que una real

Video: Una muerte de ficción conmueve más que una real

Una muerte de ficción conmueve más que una real. Un amante que fallece después de mil tribulaciones persiguiendo su amor. Un inmigrante que se ahoga en las aguas del Mediterráneo tras años luchando por llegar al barco que será su tumba. Si tiene un buen director detrás, la historia nos emociona hasta agotar la provisión familiar de pañuelos. Si es un titular de prensa lo barremos con el dedo buscando algo que nos llame más la atención. Una indemnización por resbalar con unos puerros o un cuadro valioso olvidado en un portal. ¡Flipante! Y es que necesitamos que se haya construido una historia alrededor del drama para conectar con ella. Si la muerte es anónima el impacto solo viene por dos motivos… una elevada cifra de muertos que los compacta en un gran evento, que paradójicamente anula a los individuos, o que su final haya llegado de una manera inusual, vistosa. ¡Se cayó haciéndose un selfie en un acantilado! La noticia está en el cómo no en el quién. El clickbait nos alcanza antes por lo llamativo de la forma que por lo humano de la pérdida. ¿Por qué reaccionamos así? Por el mecanismo de la empatía. Se despierta cuanto mayor es la identificación con el protagonista. Conocer detalles de quién es, o era, dibuja una identidad a la que poder atribuir sentimientos y emociones, una familia que lo llora y una vida truncada. Por eso todo buen periodista busca un rostro concreto para contar una historia más amplia, para tener un rompehielos que abra nuestra atención y corazón sobre lo que quiere contar. Exactamente como hacen las películas, incluso las de sesión de tarde. Mostrar humanidad, aunque sea ficticia. ¡Somos unos desalmados blindados ante el drama real! Cuidado, vivir a pecho descubierto, sintiendo por todo y por todos, nos condenaría a ser un crisol de dolor desbordado por la impotencia de ser incapaces de impedirlo. Filtrar emociones es tan natural como filtrar sonidos, ignorar el ruido de fondo nos permite escuchar lo que nos interesa. Oírlo todo nos condenaría a vivir aislados en una habitación insonorizada. Ahora bien, implantarse los tapones más gruesos del mercado impide escuchar música y las risas del otro. No te dejan conectar. Conseguir la permeabilidad justa para sentir sin abrumarse a cada paso, ni ignorar a quien se cae a nuestro lado, ahí está el reto. Si el cine ha sabido hacerlo, toca ser directores de nuestras propias películas basadas en hechos reales. Hay una en cada persona que nos rodea.

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