sábado, julio 25, 2026

¡Que se vayan los turistas!

Video: Que se vayan los turistas!

¡Que se vayan los turistas! Esos grupos que se arrastran detrás de un guía con paraguas en alto taponando las calles por las que paseamos tranquilamente el resto del año. Esas colas en todas partes que te hacen sentir como un fan de Rosalía acampado eternamente a las puertas de un estadio. Esos locales tradicionales que se han visto arrollados por el capital que los transforma en parques temáticos para turistas. Ya no son lo que eran sino lo que los turistas esperan que sean. La expectativa modifica la realidad. Aparcamientos siempre llenos, consumiciones por las nubes y hoteles a precio de oro. Tu tía Puri ya no viene a pasar unos días a la pensión de toda la vida porque se tendría que dejar su propia pensión en poder pagarla. Camas de siempre, ahora, para bolsillos más llenos. Turistas que sin saberlo arrinconan al local con su tsunami modificador que los condena a buscar refugio en los lugares cada vez más escasos que aún sobreviven a sus tentáculos. Esos que desaparecerán el día que una guía turística los mencione como “rincones secretos auténticos”, y que serán modificados con la mirada ajena, pura mecánica cuántica. ¡Váyanse ya, hombre! Necesitamos un descanso de todos ustedes. Necesitamos vacaciones lejos de aquí. Necesitamos ser turistas en tierra extraña. Estamos deseando hacer colas, comer los platos típicos y encontrar rincones secretos… en otra ciudad diferente a la nuestra. ¡Anda! Nosotros aquí, somos ellos allí. ¡Pero no es lo mismo! Sí, es lo mismo. El sistema alimenta nuestro deseo de experiencias como sinónimo de “estar aprovechando la vida”, y turistear se encuentra en el top instagrameable. Creado el anhelo de explorador pret-a-porter, arranca el motor del dinero para explotar nuestro deseo implantado. Hacer negocio del visitante interesa a servicios y alojamientos, así como a instituciones que ven aumentar sus ingresos con tasas e impuestos a emprendedores y consumidores. Cuantos más mejor, así la rueda gira más y más rápido haciendo más eficaz la entrada de dinero. Publicidad y boca a boca construyen las modas, los destinos “a los que hay que ir”, adaptando las ciudades al modelo de negocio. Todos interpretamos nuestro papel dentro del teatrillo del turismo. Somos la plaga que arrasa por donde pasa y luego se queja de que no queda hierba fresca donde alimentarse. ¿Y cómo se para esto? El sistema solo se aparta cuando baja la rentabilidad. Y, de momento, somos rentables. Os dejo, que tengo que pillar un vuelo.

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