¡Los festivos están anticuados! Si el IPC se actualiza cada año y elegimos presidente cada cuatro, ¿por qué los festivos se airean menos que el frasco de cardamomo del fondo del armario? Más de dos mil años tienen algunos de ellos, otros más recientes conmemoran el descubrimiento de América y el día del trabajo… ¡Y no ha llovido nada! La mayoría se los debemos a Jesús y sus fans, que vale que en su época no había redes sociales, pero si metieran una copia de “El código da Vinci” en cada hotel ahora estaríamos celebrando el nacimiento de Dan Brown. Que no es por quitarle mérito a Cristo, pero si las aplicaciones del móvil se actualizan cada dos días, digo yo que podríamos someter a votación las razones para cogernos un día de fiesta. Porque mira que han pasado cosas más significativas en nuestra vida que aquel parto en un pesebre. Ahí está el final de la dictadura, la vuelta de las mascarillas a los armarios, el día que Penélope y Bardem se conocieron y empezaron a ganar Óscars o el primer
político que finalmente terminó en la cárcel por corrupto. Y si hablamos de personajes, tenemos venidas al mundo con más estrella que la del hijo del carpintero… ahí están Chiquito de Calzada o Raffaella Carrá que gustan a todo el mundo como las croquetas. Imaginaros los festejos oficiales chiquistaníes o las cabalgatas Carrá… ¡quién necesita tres reyes teniendo una reina! Y es que cada generación tiene sus venidas al mundo que celebrar, cada 25 años deberían votarse. Y si no hay consenso, festivos rotatorios, como los presidentes de comunidad. Los días marcados en rojo han hecho de la religión lo que es, ese pan recién horneado encima de la mesa al que nadie se resiste aunque esté a dieta. Comulgamos con esa hogaza que viene envuelta en un día libre. ¡Quién se resiste a un currusco sin despertador! Para unos lleva la carne de Cristo, para otros solo harina, agua y sal. Pero todos compartimos la sensación de que pertenecemos a algo más que nosotros mismos, aquí, allá o en nuestro corazón. ¡Y eso hay que celebrarlo! Ya lo cantaba Raffaella… Fiesta, qué fantástica, fantástica
está fiesta. El motivo, pónselo tú.
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