¿Por qué da tanto gusto cagar? Ese placer inmediato que nace en el esfínter y se extiende por todo el cuerpo reescribe la expresión de “la has cagado”. Sí, la he cagado, y con mucho gusto. El cuerpo premia con placer el cumplimiento de todas las funciones fisiológicas imprescindibles para la vida. Ahí la biología lo ha hecho mucho mejor que la razón. La distancia entre todas las tareas que realizamos durante el día y el placer que las retribuye es mucho más lejana, indirecta y racional. Hacemos más por coacción, para evitar las consecuencias negativas de la inacción. Si fregar los platos regalara un escalofrío por la espalda y hacer bien tu trabajo una liberación de endorfinas inmediata, nos pelearíamos por planchar la ropa y acusaríamos a la roomba de ladrona de dopamina. A falta de un chute inmediato, la búsqueda de placer se ha convertido en otra tarea racional para cerrar el círculo que justifica todo lo que hacemos.
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