“No le digas que buscan gente no sea que no te cojan a ti”. Quien busca el mismo trabajo que tú es tu enemigo, tu competidor. Todo lo que él consiga refleja lo que tú dejas de conseguir. Su
fracaso será tu éxito. Cuanto peor le vaya, más oportunidades tendrás tú. Y con la conciencia bien tranquila porque no has hecho nada para contribuir a su infortunio, simplemente se ha
ganado lo que le pasa. Si es malo, claro, si le ha ido bien no será mérito suyo sino fruto de sus estrategias de pasillo y mensajitos fuera de hora llenos de emoticonos. Esta visión
cortoplacista y competidora no beneficia al buen trabajador. El otro que hoy consigue el
trabajo del que tú le avisaste, mañana te informará a ti de la oferta que ha recibido y no puede aceptar, o de una nueva vacante en su propia empresa. Aquel que trabaja en tu mundo es tu
aliado, tu auténtica red laboral más allá de métodos cibernéticos de contratación donde la
supuesta objetividad viene definida por certificados y no por el desempeño en el trabajo. El
mayor valor de un trabajador que nadie puede arrebatarle es su profesionalidad, habla por sí
misma más allá de filias y fobias personales. Y un buen profesional no tiene miedo de otro que
también lo es. Su auténtico enemigo es el mal trabajador que aún no ha encontrado el empleo
donde ser bueno. Va por todos los que un día disteis un nombre.
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Buen amigo es aquel que cuando se relaciona con nueva gente no se vuelve más inaccesible sino más interesante.
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