“No saques la mierda del pasado”. A ninguno nos gusta sentir que alguien ha guardado durante mucho tiempo un malestar que le hemos provocado y del que no teníamos noticia hasta ahora. En ese momento habla un rencor larvado que nos enfrenta a descubrir una nueva cara de la persona que creíamos conocer. ¡Le han clonado los ladrones de ultracuerpos! ¿Y por qué no me lo dijiste antes?. Las razones por las que callamos lo que nos gustaría decir son infinitas pero todas tienen en común una falta de confianza y un miedo a enturbiar el vínculo. El silencio lubrica las relaciones y la impostura nos permite vivir en sociedad. Entonces ¿por qué ahora? Cabe preguntarse si toda crítica retrospectiva viene envuelta en un rencor que ha reventado. Hay una fina línea que separa la voluntad de señalar con el dedo exorcizando el veneno acumulado de la de querer hacerse entender. La diferencia está en un simple concepto: quererse bien o no. Quien quiere bien, busca poner las cartas sobre la mesa, hacerse entender, ir más allá del último capítulo que no explica toda la historia, para mostrarse e integrar los sentimientos más incómodos en la complejidad que supone toda relación de intimidad. Para poder hacerlo, hay que tener al otro lado de la mesa a alguien que quiere lo mismo que tú. Seguir construyendo y disfrutando la relación. Se trata de conversar para ver el dibujo completo. Rozar para encajar piezas y aceptar las más feas como parte de un puzle final que no se rompe. Un juego de toma y daca, ¡aquí no se libra nadie!, en el que ambas partes salen ganando, aunque terminen con un par de moratones en lo que daban por sentado. Cuando no hay emparejamiento de voluntades, la comunicación nace muerta, condenada al aborto de hablar solo de lo ajeno y lo cómodo. Y se cava una nueva tumba en el cementerio de las conversaciones que te hubiera gustado tener. La mierda puede ser la suciedad que lanzas a la cara o el abono con el que quieres fertilizar la tierra de una relación fértil. El número de cervezas que sois capaces de tomar juntos sin mirar el reloj marcará la diferencia.
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