martes, marzo 31, 2026

Más corto, por favor

Video: Más corto, por favor

¡Más corto, por favor! Que el video sea más breve, el libro tenga menos hojas y la temporada menos capítulos. No tenemos paciencia ni capacidad de atención para mantenernos pegados a contenidos que pretenden robarnos un tiempo precioso y escaso. Vivimos una época paradójica en la que la producción creativa se ha disparado, por el abaratamiento de los medios, la democratización de la distribución y el mayor desarrollo de las inquietudes personales, y no así nuestra capacidad para disfrutar de semejante avalancha. Se publican unos 6000 libros al día en el mundo y se lanzan unas 100.000 canciones nuevas, pero el tiempo de que dispone el ser humano para su consumo no es mayor que antes. ¿Cómo puede el mercado vender más a unos clientes que no pueden absorber más producto? Reduciendo el tiempo para consumirlo, haciendo la galleta más pequeña para que el estómago coma lo mismo pero troceado. En el tiempo que antes escuchabas “We are the world” ahora puedes zamparte tres temazos de nuevo cuño, o cuatro. Allá donde antes leías “Los pilares de la tierra” ahora te metes entre pecho y espalda tres thrillers nórdicos. La maquinaria se garantiza así vender más por el mismo tiempo de consumo. ¡Todos contentos! ¿O no? El afán por no perdernos nada nos está llevando a visionados a velocidad acelerada, a tener dos pantallas funcionando a la vez, una con cada ojo, y a leer en diagonal los párrafos en los que se describen jardines y plazas cuando no hay un cadáver entre los sicomoros. Seguir esta tendencia nos llevaría a novelas de 50 páginas, temas de 30 segundos, microseries y ansiolíticos en una rueda de consumo donde el contenido no tendrá ocasión de dejar una huella mayor en nosotros que el ruido del instante. Curiosamente, en medio del mosaico de lo
breve triunfan los podcasts, osados contenidos extensos que se consumen como compañía de cocina, paseos y sueño. La capacidad de atender y dejarse acompañar está ahí, no se ha ido, porque nos gusta el calor de lo que permanece… tanto como la emoción de lo nuevo.

viernes, marzo 27, 2026

Ojalá no hubiera que dormir

Video: Ojalá no hubiera que dormir

¡Ojalá no hubiera que dormir!, nos lo dijo una profesora hace muchos años. Dedicamos un tercio de nuestra vida a dormir y consideraba intolerable esa pérdida de tiempo. Una pérdida mucho menor para los insomnes y/o fiesteros que seguro que ella aprobaría. Si no hiciera falta dormir tendríamos ocho horas libres a nuestra completa disposición para poder hacer lo que quisiéramos. Terminar toneladas de series pendientes, quedar con amigos, ir más al gimnasio o mirar el techo. Todo serían ventajas que reducirían nuestro estrés y mejorarían nuestra calidad de vida. Viviríamos más y mejor sin necesidad de tener que alargar la vida. ¿Seguro? Vaya por delante que la biología hace uso del sueño para muchas funciones, una de las principales, aprovechar que tenemos desconectadas nuestras actividades de vigilia para hacer trabajar más al sistema inmunológico en la reparación de nuestro cuerpo. Lo de tener un sueño reparador no es una frase hecha. Más allá del trabajo de los gremios celulares, para disponer de ocho horas extra de actividad tendríamos que alimentar al menos una vez más nuestro cuerpo y por tanto necesitaríamos comer más y más dinero para afrontarlo. No solo eso, ¿cómo llenaríamos esas horas libres? Leer y hacer running puede salir gratis, pero otras actividades de ocio requieren quemar tarjeta. Para gastar más hay que ganar más. Y siguiendo la ley de la oferta y la demanda, si el trabajador dispone de más horas de ojos abiertos, el mercado va a alargar su jornada laboral. Ahora en esas ocho horas de regalo hay que trabajar más para comprar más, comer más y tener más horas las luces encendidas y los coches circulando. Obligaciones extra para tener alguna “posible” hora de ocio adicional. ¿Qué ha pasado con el nirvana del insomne? Que el sistema ha adaptado sus fórmulas actuales a una jornada vital más larga dejándonos la misma sensación final que tenemos ahora mismo, robándonos además el placer del sueño. Las cosas pueden ser distintas y no por ello sentirlas como mejores. Y ahora… a la siesta.

martes, marzo 24, 2026

No veo nada en ese cuadro

Video: No veo nada en ese cuadro

“No veo nada en ese cuadro”. Sí ves algo: colores, formas, patrones y texturas, pero no hay ningún rostro que te esté mirando. Buscamos sin querer imágenes reconocibles en toda obra que se nos presente, esa mancha parece un caballo, y aquel trazo dibuja la silueta de una mujer. Resulta inevitable hacerlo, hoy mismo he visto una calavera gritando en las gotas de agua de la mampara de la ducha y una medusa mecánica entre las vías del tren, pero el arte abstracto es otra cosa. “Ese cuadro lo podría pintar un niño”. Puede que sí, ahora intenta pintar como un niño siendo adulto, a ver qué te sale. Se juzga como arte inferior aquel que no parece requerir una exquisita habilidad técnica porque no representa nada explícitamente, cualquiera puede derramar pintura sobre un lienzo a lo Pollock o trazar líneas de colores a lo Mondrian, ya, pero a ellos se les ocurrió primero. Minipunto para el artista. “Ese cuadro naranja y verde nos quedaría fenomenal con los muebles del dormitorio”. La ausencia de mensaje explícito ha conducido al abstracto hacia el mundo de la decoración donde sus patrones y colores combinan y no molestan. Papeles pintados enmarcados que quedan monísimos e incluso puedes encargar el pantone a tu medida. Cuidado, no confundamos términos. No todo lo que decora es arte, arte es aquello que nace de la mano de un artista. Y es ahí donde está la magia del abstracto. Pintando abstracto la conexión entre cerebro y mano es directa e instintiva, sin apenas filtros que controlen lo que estás haciendo, es casi una pintura automática en la que el cuerpo se expresa sin mediar más raciocinio que el que te ha llevado a ponerte delante del lienzo. Te dejas llevar y sale algo que ni sabes cómo será. Tu cuerpo habla. Y cuando miras el cuadro, lo escuchas. Te gustará o no, pero ese es otro tema. El arte abstracto es tan natural en nosotros como los garabatos que hacemos sin pensar en las esquinas de los cuadernos.

sábado, marzo 21, 2026

Encantado de conocerte

Video: Encantado de conocerte

¡Encantado de conocerte!
No te había visto nunca por aquí.
Acabo de venir por curro.
¿Y ya has pillado piso? porque la cosa por aquí está jodida…
Me estoy quedando en casa de un colega hasta que encuentre algo…
Si necesitas que te ayude, me dices.
Oye, que tengo que llevar cajas a la nueva casa ¿puedes echarme un cable?
Claro, domingo tarde ¿te cuadra?
Perfecto, vente y te invito luego a una pizza y unas birras…
Oye, te debo una cena… organizo una en la soci con los colegas el sábado ¿te hace?
Joer, gracias…
Tenemos que poner fecha a la ruta en bici que comentamos el sábado.
Cuando quieras… pero no tengo bici aquí.
Se la pido a mi hermano, no te preocupes…
¡Qué majo tu hermano, tío!
Le has caído tan bien que me ha dicho que invite a la barbacoa que va a hacer por su cumple.
Tu familia es la hostia, tienes que venirte a mi pueblo en verano y conocer a la mía.
Las vacaciones han sido la leche, tío… eres un colega de puta madre.
Y tú, tío… cuando me pasa algo a la primera persona que me apetece contárselo es a ti.
Si no llega a ser por tu curro ni nos conocemos…
Se me acaba ya y estoy moviendo currículums… igual en la capi sale algo.
Oye, guárdame sitio en tu nuevo sofá para cuando vaya, eh?
Joer, te echaba de menos, gracias por venir…
Dos meses llevas ya aquí, tío ¿qué tal con la peña?
Gente muy maja, la verdad…
Oye, ¿hacemos algo en Semana Santa?
Es que hemos montado una con los del curro que tocan en un grupo y van a hacer unos bolos.
La próxima, no te preocupes…
¡Feliz año! A ver si este encontramos unos días y nos vemos.
Claro que sí.
Felicidades, que estás hecho un chaval…
¡Feliz año!
Feliz.
(Silencio)

jueves, marzo 19, 2026

Simplificando

Ese tío es Amarillo

"Amarillo Rojo Verde Azul Negro Verde Rojo Amarillo"

¿Ves? Lo que te decía... Amarillo

miércoles, marzo 18, 2026

¡Libre!

Video: ¡Libre!

¡Libre! Abres los brazos en plena naturaleza un día de sol y te sientes libre. Coges aires y te cuentas que eso es la libertad. Te quedarías allí toda la vida. Hasta que estás cansado y vuelves a casa. Porque no puedes quedarte a vivir en plena naturaleza. No te lo permitiría el dueño del terreno, ya sea público o privado. Resulta que la libertad termina donde empieza la propiedad. Y todo es de alguien. Podrías plantearte comprar un terreno en mitad de la nada e instalarte allí, lejos de todo, libre. Si eres propietario ya tienes que pagar tasas, impuestos y suministros. Y cuando hay que empezar a pagar, hay que generar ingresos para afrontar esos gastos. Acabas de entrar en el sistema que te ha puesto un contador virtual en la frente: tu cuenta corriente. Una serie de números que suben y bajan sin apenas pasar por tu bolsillo. Son líneas de valor generado y valor consumido por vivir en sociedad. No eres materialmente libre y debes relacionarte con el exterior para realizar cualquier tipo de intercambio. Hasta el ermitaño más aislado baja al pueblo una vez al mes para comprar aspirinas. Todo contacto exterior implica exposición. Y exponerse supone tener que seguir unas normas de comportamiento. Se espera de ti que cumplas unas convenciones sociales que hagan factible la convivencia. ¡A mí nadie me dice lo que tengo que hacer! Bueno, si quisieras pasear desnudo por la ciudad, te lo impedirían. Cerramos la puerta entonces y nos quedamos en casa. Fuera de miradas ajenas. Lejos de juicios y convenciones. La intimidad te acerca a la libertad. ¿Y si hay alguien más entre esas cuatro paredes? Si estás delante de otro, dejas de ser libre. Convivir implica pactar. Y todo pacto supone una cesión de libertad. La soledad sin espectadores, reales o virtuales, acompañado solo de tus pensamientos es lo más cerca que vas a estar de ser libre. Porque la libertad no está fuera, está dentro. Y si la dejas puede ir contigo hasta el borde del mar con una cervecita en la mano.

sábado, marzo 14, 2026

Déjalo, no eres lo suficientemente bueno

Video: Déjalo, no eres lo suficientemente bueno

“¡Déjalo! no eres lo suficientemente bueno. ¿Pero no has visto todo lo que hace la gente? No se te da mal, está bonito y, oye, si te entretiene, sigue. Eso sí, no esperes ganarte la vida con eso.” Es difícil destacar. Si todo el que hace algo triunfara ¡no cabrían los premios en nuestras casas! ¿Dónde se ha visto eso? Para que unos ganen, otros tienen que perder. Nadie se acuerda de los que quedan segundos, ni siquiera de los nominados. Solo hay espacio bajo el foco para los mejores. Olvídate de recibir ingresos inesperados en cuenta, vestir de diseñador y protagonizar fotos en blanco y negro en suplementos dominicales… que solo tienes siete likes. Si no vas a llegar a nada, no merece la pena el esfuerzo, solo vas a perder el tiempo y te vas a frustrar. Anda, venga, vamos a ver qué echan en la tele. Solo merece la pena hacer algo si te permite triunfar. Porque el mundo se divide entre los que tienen éxito y el público que los admira aupándolos a lo más alto. Si no estás en un grupo, estás en el otro. ¡Quieto ahí! ¿Los hay mejores que tú? Sí, asúmelo. ¿Vas a vivir de lo que te gusta hacer? Es probable que no. ¿Solo merece la pena dedicar energía a lo que te reporta dinero y atención? Si esa es tu única motivación, vale. Pero si disfrutas, y sudas esforzándote, si te sorprende lo que eres capaz de hacer, si tu día ha merecido más la pena porque te has gustado haciéndolo, si conectas con los siete que valoran lo que significa para ti… ¿por qué dejar de hacerlo? Jugar en todos aquellos terrenos que te llaman la atención te hará conocerlos mejor, amarlos más y sentirte parte de ese mundo aunque solo tú lo sepas. Cuando haces lo que te gusta nunca pierdes. Ganas tú aunque nadie se entere.

miércoles, marzo 11, 2026

Hay pandemia de ombliguismo

Video: Hay pandemia de ombliguismo

“¡Hay pandemia de ombliguismo!”, me grita una amiga desde un mensaje. A priori todos estamos de acuerdo en que la convivencia es un intercambio de mutuo beneficio. Damos y recibimos. Un trueque ancestral sobre el que se asienta la estructura económica y social de nuestra civilización. El juego funciona en la medida de que cada uno cree recibir lo mismo me da. Es la subjetividad del valor lo que conduce a la satisfacción de las partes. Todo va bien hasta que un día, una sola persona, siente que ha recibido menos de lo que ha dado. Valora como injusta la situación, reclama, pero no consigue obtener más. Se enfada y se protege. Nunca más volverá a pasarle lo mismo y actuará tal y como lo han hecho con él. Dará menos por lo mismo que antes. No solo a quien siente que le estafó, sino a todos los demás. Sea quien sea. Como un pueblo que siempre ha dejado sus puertas abiertas y ante un único robo decide poner cerraduras en todas las casas. Un solo ladrón ha cambiado todo un pueblo. Dejamos de confiar en el desconocido y buscamos nuestro único bienestar. El ombliguismo acaba de nacer. El “si tú no, yo tampoco”, lo propaga exponencialmente y se convierte en un valor social estructural. Pensar solo en ti mismo es lo normal, lo contrario, la excepción. Incluso las almas más atrevidas se ven obligadas a retirarse a sus cuarteles de invierno por supervivencia, cediendo a la pandemia. Les hacen ser como no quieren ser. Y el ombliguista se empodera. “Fíjate, el que iba de bueno”. ¿Hay vacuna? Los que anhelan la vuelta al viejo sistema necesitan que otro de el primer paso, necesitan recibir primero, para creer que es posible volver a dar. “Tú primer”. Cuesta llevar la iniciativa porque muchos se aprovechan de los primeros pasos de otros y los succionan hasta anularlos. “No hay nada que hacer, son todos iguales, se acabó”. O no. Cada nueva persona es una oportunidad de tener un vínculo positivo, de toma y daca, grande o pequeño, incluso desequilibrado, pero satisfactorio. Podemos ofrecer nuestra mejor versión, ser como queremos ser, hasta que nos demuestren lo contrario. Ojalá esa sea la nueva pandemia.

lunes, marzo 09, 2026

Todos somos carniceros

Video: Todos somos carniceros

¡Todos somos carniceros! Cuando nos ponen una pieza delante elegimos el corte que nos apetece comer ese día. Póngame kilo y cuarto de solomillo fiestero para el sábado noche, unas buenas orejas que escuchen mis dramas el domingo tarde, mira a ver si te quedan en la cámara unas manitas que me ayuden entre semana en el trabajo y un poco de falda que se quede con los niños el jueves. Hacemos la compra de las partes de otros que mejor nos vienen para el menú semanal, una compra perfecta con la que dejamos los callos, la lengua y el zancarrón para los que vengan detrás. Ese es nuestro ideal, quedarnos solo con lo mejor de los
demás, lo que nos viene bien y se acomoda a nuestras necesidades. En esta carnicería a la carta muchos clientes quedan satisfechos. Cada trozo de carne encuentra su perfecto comensal. Pero el mercado rara vez deja los almacenes vacíos y los estómagos llenos al mismo tiempo. Hay que comprar costilla queriendo solomillo para no pasar hambre o aceptar ofertas de piezas más grandes porque las bandejitas se han agotado. Lo más difícil es conseguir que alguien compre la bestia entera, con sus partes más nobles cubriendo hígado e intestinos. Aceptando llevarse sabores y olores que no gustan a cambio de disfrutar de la carne más delicada que se deshace en la boca. Y es que para que el solomillo esté tierno, un estómago ha tenido que digerir la hierba, para que alguien interrumpa su vida y te coja el teléfono hoy, tiene que haberse divertido contigo ayer. Somos un todo que solo se entiende en su conjunto, cada parte explica la otra. Aromas dulces y amargos que saborear, o dejar en el plato, pero sin levantarse de la mesa. Podemos, y debemos, compartir solo trozos, y atrevernos, cuando la bestia nos gusta, a comprar el animal entero. Despiezarlo puede ser muy entretenido.

viernes, marzo 06, 2026

Mientras caen bombas hay quien se lo pasa bomba

Video: Mientras caen bombas hay quien se lo pasa bomba

“Mientras caen bombas hay quien se lo pasa bomba”, me comentan con pudor moral. La simultaneidad de sucesos terribles y banales en la misma pantalla cortocirtuita al espectador que se siente como el vecino que escucha pedir auxilio al otro lado de la pared y lo ignora para seguir comiendo palomitas. Deberíamos parar las máquinas de purpurina y dedicar toda nuestra gasolina a ayudar a quien lo necesita. Cuando el problema esté resuelto podremos volver a bailar y reír luciendo camiseta nueva. ¿Existe ese momento en el que todo vuelve a estar bien? A un vecino podemos ayudarlo, pero no es el único en situación de necesidad. Si pones las luces cortas verás mendigos en tu calle, desempleados y refugiados. Si enciendes las largas… vulneraciones de derechos humanos, discriminación, dictaduras, pobreza, hambre y guerras. Ser consciente de las más crudas realidades puede llegar a desconectarte de los valores de un mundo acomodado, a sentirte estúpido preocupándote del color de un sofá cuando alguien no va a comer esta noche. Unos pocos han decidido hacer algo al respecto y entregarse. En el otro extremo están las formas de vida más individualistas, aquellas personas cuyos movimientos están dirigidos por una única premisa: satisfacer sus propias necesidades. Como bacterias, serpientes o aliens que están programados para sobrevivir y perpetuarse, primera línea de programación de una biología amoral. Solo que a estos últimos se los mira mal por ser de otra especie y querer hincarnos el diente. Spoiler: Los otros también están deseándolo. ¿Entonces? La vida no se para, continúa pase lo que pase, porque después de un funeral hay que poner la lavadora. La vida no espera a que llegue un buen momento o podría paralizarse y desaparecer. La vida necesita la alegría en medio de la tristeza, la banalidad en medio del drama, el juego, aún con el estómago vacío, para seguir apostando por vivir. La esperanza está en el egoísta que pensando en sentirse
mejor lo consigue preocupándose por los demás.

miércoles, marzo 04, 2026

¡Qué maravilla tener tanto para elegir!

Video: ¡Qué maravilla tener tanto para elegir!

¡Qué maravilla tener tanto para elegir! Infinitas películas, libros, restaurantes y camisetas están al alcance de nuestras manos. Atrás quedaron los tiempos del “esto es lo que hay” porque ahora hay eso y mucho más. ¡Tenemos un poder de elección universal! ¿O no? Porque no podemos tenerlo todo, y menos aún, a la vez. Son las pegas de disponer de un solo cuerpo, una nómina mensual, un armario de dos cuerpos y un par de horas por delante. Hay que elegir y cuanto mayor es la oferta, más complicada la decisión. Si ya cuesta pedir un sabor de helado, como para pinchar una sola canción de la fonoteca mundial. El proceso de búsqueda y selección se ha vuelto tan complejo que está robando el tiempo que debería dedicarse a disfrutar de esa decisión que se resiste. ¡Hay que elegir cómo elegir! Hay quien hace de la búsqueda, ocio ¡Vámonos de compras! Y para quien es un suplicio. Para no perder tiempo tiramos de lo ya conocido, de lo primero que vemos o nos ponemos en manos de “ellos”. Ellos son los que hacen negocio de la búsqueda, cobrándote por hacerla por ti. Los prescriptores, influencers, plataformas y redes que dicen qué debes hacer. Y te cobran, sí, su sueldo va en el precio de lo que venden. Pero tú eres más listo y no te dejas engañar, rastreas páginas, opciones y menús para decidir por ti mismo. Esa aparente búsqueda también está mediatizada por quienes pagan para mostrarse más, más grande y en el menú principal. La aparente libre elección se realiza sobre el abanico que otros han elegido por ti. Nunca tanto fue tan poco. Ellos ganan, casi siempre. Solo se rinden cuando alguien tiene curiosidad.

Más corto, por favor

Video: Más corto, por favor ¡Más corto, por favor! Que el video sea más breve, el libro tenga menos hojas y la temporada menos capítulos. No...