¡Una pausa, por favor! Pon la lavadora, apunta qué día acompañas a tu padre al hospital, recuerda que se te han acabado los klínex, contesta mensajes con interés y simpatía mientras
te terminas el café, organiza mentalmente qué trabajo tienes que sacar adelante hoy mientras
te duchas, más mensajes que contestar mientras cuelgas la toalla, apúntate qué día hay que
aceptar la declaración de la renta, haz la cama viendo el polvo que ya toca quitar, suenan más notificaciones de mensajes, ¡ostras, hay que comprar un regalo para la semana que viene!, te
fijas en que las zapatillas necesitan plantillas nuevas, anotas mentalmente apuntarlo físicamente cuando bajes las escaleras camino al tren que sale en cinco minutos. Obligaciones
que forman la vajilla completa de platos que giran sobre palillos a punto de caer y romperse.
Somos malabaristas que deben mantener la vida en movimiento perpetuo, y eso cuando todo
va bien. Los vapores mentales de los asuntos por resolver ascienden hasta formar una nube que flota por encima de nuestras cabezas y se oscurece con cada mensaje del colegio y nueva
obligación familiar. Necesitamos soplar esa nube y que vuelva a salir el sol ¡claro que sí! Para eso está el ocio, el tiempo libre... que hay que pensar, organizar, coordinar y comprar haciendo
más gruesa la nube en lugar de mandarla a otras latitudes. ¿Dónde venden las pausas? ¡Amazon, ya no me sirves! Para dejar de pensar en algo, lo mejor es pensar en otra cosa.
Focalizarse en algo que requiera tu atención eclipsa cualquier nube, sigue ahí, pero no la ves temporalmente. Meter historias en tu cabeza o realizar actividades que requieran manipular con destreza manos, cuerpo o mente abren un nuevo escritorio libre de asuntos pendientes. Y
luego están ellas. Esas pausas que la vida te concede y en las que solo te exige que estés ahí.
Un autobús que te lleva, una espera en salita, una actividad repetitiva, una conducción
solitaria por carreteras conocidas… y dormir. La inacción mental como acción vital. Un bálsamo
calmante para reparar las grietas del ruido.
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Una pausa, por favor
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