sábado, febrero 28, 2026

Mejor ponle un marco

Video: Mejor ponle un marco

“Mejor ponle un marco”. Si descuidas el marco estás condenando la percepción de lo enmarcado. Marco entendido con contexto de tiempo y espacio, ampliable a cualquier otra dimensión del multiverso. “Vamos a ver, una pintura es la misma con marco o sin él”. Cierto, la obra es la misma pero no se percibe igual colgando de una inmensa pared blanca en un museo que rodeada de figuritas de gatos en el salón de tu tía Puri. Un marco adecuado realza el valor del contenido, conmina al espectador a prestar atención y sentir que tiene delante algo que merece la pena. La predisposición a la hora de leer una novela no es la misma si viene encuadernada en canutillo que en rústica. Una es algo casero que aún no ha pasado el corte de una editorial y la otra es una obra tangible que luce portada y prólogo. Misma creación, diferente percepción. Lugares, calidades, materiales y luces, enmarcan. También el cuándo. La compleja emocionalidad humana tiene más picos y valles que el electrocardiograma de un
taquicárdico. La tranquilidad, el descanso, la actitud positiva nos permite apreciar lo más pequeño, mientras que el estrés, el cansancio y la negrura reducen a mínimos lo que estamos dispuestos a ver, escuchar y sentir. Un manjar se rechaza con el estómago lleno, y un mensaje absorbente se silencia cuando una preocupación secuestra tu energía. El envoltorio influye en el contenido hasta el punto de transmutarse en contenido en sí mismo. El mensaje paga el
pato de un mal marco. Cuidarlo mejora la transmisión y empatiza con el receptor. Una vez que la obra ha llegado a destino, el marco vuelve al lugar secundario que le corresponde dejando el protagonismo a lo que importa, al contenido. El fiel siervo da un paso atrás porque sabe ya ha cumplido con su misión, el mensaje vuela con la capacidad de sobrevivir a los más áridos marcos. Ya podemos disfrutar de la canción en un mal equipo de sonido. Ha trascendido. A todo esto, me llamo Marcos. Por comentar.

miércoles, febrero 25, 2026

Arqueología doméstica

Objeto (muy) guardado, objeto olvidado.

La memoria no es genética.

Video: La memoria no es genética

La memoria no es genética. Todo lo que has aprendido y experimentado morirá contigo. No se guarda en tus genes para que tu descendencia pueda aprovecharse de ello. Tu habilidad cocinando, sorteando entrevistas de trabajo o calando a quien te la quiere meter doblada no son transmisibles vía biológica. Podrás intentar copiar la información más importante en disco duro ajeno vía oral, educación lo llaman, con una velocidad de transmisión y calidad de grabado muy inferior a la replicación vía ADN. Cada persona parte de cero y solo cuenta con su tiempo vital para explorar todo lo que pueda las pantallas del videojuego. Cuando caiga por un precipicio o lo mate un orco, una nueva vida volverá a la pantalla de inicio con una mano delante y otra detrás. El conocimiento engorda cada año, pero la capacidad de absorción mental sigue siendo la misma, como Tamara. Para que un dato nuevo pueda entrar, otro debe salir del manual de información básica para la vida que dejan en nuestra taquilla. El tiempo filtra la información dejando solo aquella más útil para el avance tecnológico, que más ha calado en la cultura popular o que favorece a quienes mueven los hilos. Así se construye el progreso. Un progreso que sabe dividir el átomo en un plis pero olvida el germen de los grandes conflictos. La inteligencia emocional es intransmisible, debe experimentarse. Nos condena a repetir errores, pero nacer sabiendo demasiado amortiguaría la emoción de vivir. Un eterno retorno para que todo el mundo pueda enamorarse por primera vez.

sábado, febrero 21, 2026

El que no es normal es anormal

Video: El que no es normal es anormal

El que no es normal es anormal. No diferente, porque diferentes somos todos, pero anormales son aquellos diferentes que se salen de las discrepancias aceptadas por la normalidad. Gatos y perros sí, arañas mejor no. La modernidad asegura ser tolerante y aceptar toda opción por muy lejos que esté de la suya, declaraciones oficiales en redes y reuniones con los dedos cruzados a la espalda deseando que sus hijos jamás elijan fuera del círculo de aceptación. “Ser diferente te hace especial”. Bonito eslogan que solo se cumple cuando la diferencia viene acompañada de talento, éxito, dinero o belleza. En caso contrario la diferencia te hace un anormal del montón. Un anormal que debe justificar su anormalidad como si fuera una decisión premeditada, una oposición a la norma voluntaria, una estrategia y no algo tan natural como la instaurada normalidad. El normal nace con la certeza de estar en el lado correcto de la historia. Reforzada su autoestima por el apoyo de la mayoría que son como él, no ha tenido que esforzarse en ser como es porque le venía de serie el modelo al que se le ponen todos los semáforos en verde. “El anormal aprende a desarrollar una personalidad fuerte defendiendo su anormalidad”. Eso si es capaz de pagar la factura del enjuiciamiento, rechazo y aislamiento que a muchos empuja a travestir su anormalidad enfundándola en un traje gris de corte impecable. El grupo desconfía de la diferencia porque pone en riesgo su estabilidad, sus valores y hasta su misma existencia, sin embargo la naturaleza tiene claro que la diferencia es imprescindible para la vida. La endogamia conduce a la enfermedad, mientras que la mutación a nuevas soluciones con las que adaptarse a un entorno cambiante. La anormalidad es imprescindible para que la normalidad sobreviva. Un abrazo a todos los anormales. 

miércoles, febrero 18, 2026

Un problema no existe hasta que alguien lo señala

Video: Un problema no existe hasta que alguien lo señala.

Un problema no existe hasta que alguien lo señala. Un grifo que gotea, una nevera vacía o una mancha en la camisa no son un problema hasta que alguien grita airado que el lavabo está siempre salpicado, que no hay nada para cenar o cómo vas a ir a trabajar con tomate en la pechera. Nos acostumbramos a ignorar los desajustes que nos rodean como filtro necesario para convivir y no morir de un infarto con cada cuadro torcido, amigo que llega tarde o retraso en el tren. Hay que dejarse fluir, ser tolerante y no estar a la que salta. Si no te quejas, los problemas no existen. Qué más quiere la sociedad, tu familia, pareja y amigos que no protestes por nada. Eres el sumiso perfecto que les hace la vida más fácil. Tu matrimonio en coma seguirá vivo mientras nadie certifique su defunción en voz alta. Tu compañero incompetente seguirá siendo el favorito del jefe mientras nadie ponga sobre la mesa sus tropiezos. Brillarán móviles en el cine si nadie los afea. Faltará papel en el wáter si nadie pone en evidencia a quien lo termina y no lo repone. Y es que señalar un problema te convierte a ti en el problema. No hay mierda debajo de la alfombra si nadie la levanta. Dejar las cosas como están es más fácil. No obliga a tomar medidas, lanzar mensajes incómodos ni arriesgarse a empeorar una situación a la que ya estamos acostumbrados. Bastante tengo con lo mío. Vivimos en un mundo tapizado con alfombras de doble fondo, tú eliges si pisas sobre la mierda o intentas que no se acumule arriesgándote a molestar por hacerlo.

sábado, febrero 14, 2026

La pantalla se encendió sola

Video: La pantalla se encendió sola

La pantalla se encendió sola. Así, de repente, en medio de la oscuridad, cuando estaba con los ojos cerrados. Sentí el molesto brillo a través de los párpados, que aún fue mayor cuando tuve que abrirlos para intentar apagarla. Era la única pantalla que se había encendido sola de las más de cincuenta del autobús en el que viajaba. La apagué. Al cabo de unos minutos volvió a encenderse. Solo la mía. Una vez más. Los duendes de la tecnología no querían dejarme dormir. Pasó tres veces más hasta que se cansó de mí. Si esa misma pantalla que se enciende sola hubiera sido la de mi dormitorio, a solas en mitad de la noche, la superstición hubiera hecho temblar a la sensata desconfianza en la calidad tecnológica. El miedo es mayor a solas. Por eso nos gusta juntarnos, para espantar el miedo, para negarlo, o en el peor de los casos para compartirlo.

miércoles, febrero 11, 2026

Se mandan fotos, no se escriben.

Video: Se mandan fotos, no se escriben

“Se mandan fotos, no se escriben”, me cuenta una amiga. Son dos adolescentes que no necesitan decir palabra para lanzarse mensajes, comunicarse y entenderse, una vuelta a la imagen que lo explica todo como el jeroglífico que representa al Dios sol. Decíamos ayer que la mayoría de las fotos tienen una vida de 24 horas, y es que se han convertido en un lenguaje simbólico en sí mismo. Como las palabras escritas en mensajes o notas creadas para ser leídas y destruidas acto seguido. El emoticono inició un proceso de sustitución de las palabras por imágenes. Nos simplificaron las respuestas gracias a su ambigüedad y simpatía intrínseca. Que te proponen una comida la semana que viene a la que no te apetece ir pero no tienes el valor de decirlo, nada más fácil que mandar un guiño. Ni afirmas ni desmientes mientras sonríes. Que recibes un mensaje emocional al que no sabes ni cómo contestar, mandas un beso. Son dibujos que dicen lo que no sabemos o queremos decir con palabras. Además, cualquier petición, reproche, recordatorio, negación o excusa siempre se recibe mejor con el remate de uno o varios emojis. Un emoticono es la expresión del buen rollo aunque sea una cara enfadada o un pulgar hacia abajo. Si te mandan a la mierda con un chorongo sonriente todo sienta mejor. De los emoticonos, a los gifs, stickers, fotos y reels… compartir imágenes o vídeos se ha convertido en una comunicación en sí misma que no requiere explicación sino un código subjetivo de interpretación abierta como una línea de puntos que debe rellenar el receptor. Se simplifica el esfuerzo comunicativo y se blinda la sospecha de mala intención en el envío. Se ha hecho realidad aquello de que una imagen vale más que mil palabras porque permite mayor velocidad despachando comunicaciones, simplifica el mensaje, supone un ahorro en la elaboración de argumentos y también una menor exposición emocional. Es que a veces… las palabras dicen demasiado.

domingo, febrero 08, 2026

Chimpún

Se termina cuando es más cómodo ser un bonito recuerdo que una incómoda realidad.

Donde no había nada, nació el polvo

Video: Donde no había nada, nació el polvo

Donde no había nada, nació el polvo. En un espacio herméticamente cerrado, sin puertas ni ventanas, donde nada ni nadie puede entrar o salir, hay quien sí consigue materializarse… el polvo. Si limpias meticulosamente una superficie y te quedas mirando el tiempo suficiente verás cómo se posan esas partículas cuasi-invisibles que están esperando pacientemente a depositarse. Parece que no pesan, que se dejan llevar ligeras por el viento, pero no, la fuerza de gravedad las atrae a las superficies horizontales e incluso a las verticales… cómo olvidar un gotelé caramelizado de polvo. El polvo está formado por fibras de nuestra ropa, miles de epiteliales que dejamos caer cada día para ayudar a los agentes del CSI, y pelos, que son siempre tuyos si vives solo, se siente, amén de una inmensa variedad de toppings que van desde las uñas a trocitos de comida. Ese polvo crece y se multiplica formando pelusas que albergan colonias de felices ácaros, que curiosamente, siempre son grises. Como la plastilina de colores que cuando se mezclaba terminaba formando una informe masa gris. El gris como suma de colores por mucho que la teoría de la luz diga que el arcoíris girando nos regala el color blanco, pues no señor, tu armario a toda velocidad se vería gris, gris pelusa. La ciencia lleva décadas tratando de crear vida orgánica a partir de materia inorgánica sin éxito, desde aquí queremos animar al CESIC a que parta de la materia base universal: una buena pelusa cargada de polvo cósmico.

viernes, febrero 06, 2026

Tengo entradas para dentro de un año

Video: Tengo entradas para dentro de un año

“Tengo entradas para dentro de un año”. Imposible saber si entonces seguirás con tu pareja, tendrás trabajo o incluso habrás muerto, pero tienes una gran certeza… ese día irás a un gran evento. Eres incapaz de saber si el próximo sábado te apetecerá quedar y no hablemos de comprometerte a un fin de semana de casa rural el mes que viene, pero firmas con sangre tu presencia a doce meses vista en un espectáculo que aún ni se ha ensayado. Como compradores compulsivos de papel higiénico y bidones de agua tras un apagón, corremos al teclado a la hora señalada de apertura de venta de entradas para no quedarnos sin una. El
espectador cabal que no quiere dejarse arrastrar por la marea solo tiene dos opciones: renunciar o asumir que no habrá butacas cuando esté dispuesto a comprarlas. El miedo a quedarse fuera empuja a sumarse a un terremoto de irracionalidad colectiva. El fenómeno beneficia a los promotores que disponen de tu dinero durante un año sin ofrecerte nada a cambio, beneficiándose de una financiación a coste cero que en caso de cancelación pueden devolver dejando los intereses en su cuenta. No estamos dispuestos a pagar hoy por las hamburguesas que comeremos dentro de un año ni por el corte de pelo que nos haremos la próxima primavera, pero apoquinamos sin dudar por un show a futuro. ¿Por qué? Porque ahora lo que importa es asistir al evento que es tendencia, no importa si el artista te gusta o conoces más canciones que el single que lo petó, es un “hay que ir”, “hay que estar y decir que has estado”, ya te encargarás tú de convencerte de que te ha gustado. Ocio convertido en estrés al teclado, desembolso por adelantado y apuesta de futuro para contarnos y vender la súper agenda que tenemos. Gente, el sistema ha vuelto a jugar con nosotros.

martes, febrero 03, 2026

Este es tu nuevo compañero

Video: Este es tu nuevo compañero

Este es tu nuevo compañero. Bueno, eso está por ver. Suele utilizarse el término “compañero”para referirse a cualquier persona que trabaja en tu misma empresa, independientemente de que trabaje en otro departamento, otro edificio u otro país. Si en vuestras nóminas figura el mismo pagador, sois compañeros. Tanto da que no le hayas visto en tu vida o no sepa tu nombre ni qué cara tienes. Sois compañeros por la gracia del número de identificación fiscal de
la empresa que os une. Compañero es una de esas palabras de definición subjetiva como amor, amistad o justicia que dejan a los diccionarios a la altura del betún. Según ellos, compañero también sería quien no te saluda al llegar, no se coordina contigo o no hace bien su trabajo perjudicando el tuyo. Basta ya. Compañero es quien te acompaña, aquel en quien puedes confiar, colabora contigo y contribuye a sacar adelante el trabajo y la jornada de la mejor manera posible. Compañero no solo es quien comparte mesa contigo, puede ser tu jefe que te trata con respeto o la recepcionista que recoge un paquete que ha llegado para ti. ¡Eh! ¡Yo no vengo al trabajo a hacer amigos! Efectivamente el trabajo no es el Tinder de la amistad, pero si evitas la creación de cualquier vínculo personal no te permitas el lujo de considerarte
compañero de nadie. El compañerismo es una relación marcada por el contexto, de fuego enemigo que une en la trinchera, de cubrirse las espaldas o pasarse una cantimplora cuando hay sed. Fuera del campo de batalla, cada uno decidirá después con quién se toma una cerveza. No existe el buen o mal compañero, solo el compañero y quien no lo es. ¿Y tú? ¿Eres compañero?

Más corto, por favor

Video: Más corto, por favor ¡Más corto, por favor! Que el video sea más breve, el libro tenga menos hojas y la temporada menos capítulos. No...