“¡Hay pandemia de ombliguismo!”, me grita una amiga desde un mensaje. A priori todos
estamos de acuerdo en que la convivencia es un intercambio de mutuo beneficio. Damos y recibimos. Un trueque ancestral sobre el que se asienta la estructura económica y social de nuestra civilización. El juego funciona en la medida de que cada uno cree recibir lo mismo me
da. Es la subjetividad del valor lo que conduce a la satisfacción de las partes. Todo va bien hasta que un día, una sola persona, siente que ha recibido menos de lo que ha dado. Valora
como injusta la situación, reclama, pero no consigue obtener más. Se enfada y se protege.
Nunca más volverá a pasarle lo mismo y actuará tal y como lo han hecho con él. Dará menos por lo mismo que antes. No solo a quien siente que le estafó, sino a todos los demás. Sea
quien sea. Como un pueblo que siempre ha dejado sus puertas abiertas y ante un único robo
decide poner cerraduras en todas las casas. Un solo ladrón ha cambiado todo un pueblo.
Dejamos de confiar en el desconocido y buscamos nuestro único bienestar. El ombliguismo
acaba de nacer. El “si tú no, yo tampoco”, lo propaga exponencialmente y se convierte en un
valor social estructural. Pensar solo en ti mismo es lo normal, lo contrario, la excepción. Incluso
las almas más atrevidas se ven obligadas a retirarse a sus cuarteles de invierno por supervivencia, cediendo a la pandemia. Les hacen ser como no quieren ser. Y el ombliguista se empodera. “Fíjate, el que iba de bueno”. ¿Hay vacuna? Los que anhelan la vuelta al viejo
sistema necesitan que otro de el primer paso, necesitan recibir primero, para creer que es
posible volver a dar. “Tú primer”. Cuesta llevar la iniciativa porque muchos se aprovechan de
los primeros pasos de otros y los succionan hasta anularlos. “No hay nada que hacer, son todos
iguales, se acabó”. O no. Cada nueva persona es una oportunidad de tener un vínculo positivo, de toma y daca, grande o pequeño, incluso desequilibrado, pero satisfactorio. Podemos
ofrecer nuestra mejor versión, ser como queremos ser, hasta que nos demuestren lo contrario.
Ojalá esa sea la nueva pandemia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Una pausa, por favor
Video: Una pausa, por favor ¡Una pausa, por favor! Pon la lavadora, apunta qué día acompañas a tu padre al hospital, recuerda que se te han ...
-
Afecto absolutista: Todo por ti (sin preguntarte)
-
Sonríes subido a taconazos que te destrozan los pies. Eres normal.
-
Buen amigo es aquel que cuando se relaciona con nueva gente no se vuelve más inaccesible sino más interesante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario